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ANÁLISIS

Fernando Alonso saluda a los aficionados en Melbourne antes del GP de Australia.

REUTERS / BRANDON MALONE

18 años, después, el 'Nano' sonríe

Emilio Pérez de Rozas

Ya ven, 18 temporadas después de su debut en Australia, en 2001, 292 carreras más tarde, 32 victorias después, 22 poles positions logradas, 23 victorias y la friolera de 97 podios, Fernando Alonso, bicampeón con Renault en 2005 y 2006, vuelve a sonreir. Y le pide por radio a su ingeniero de pista que hable más alto, que grite de felicidad, que se contagie de la buena carrera que estaban haciendo todos, él, el muro, el McLaren y el motor Renault.
Cierto, no nos engañemos (Alonso es el primero que no lo hace, pues hasta ha tenido que ponerse publicidad de su marca de ropa en la gorra, porque McLaren no ha conseguido un patrocinador para ella), el 'Nano' ha sido quinto, pero ¡a 28, segundos! del vencedor. Pero ha sido el mejor de los otros. Y mucho mejor. Ni siquiera el enfant terrible Max Verstappen y ese Red Bull que, en teoría, está para ganar carreras, le ha podido morder la oreja en las últimas vueltas en un trazado en el que, ahí, sí, las manos cuentan mucho, lo son todo, y las de Alonso, nombrado por millones de telespectadores piloto del día, son las mejores del paddock de la F-1.

Y el Honda se rompió


Cuando digo que no hay que engañarse es que a la propuesta de Alonso ("vamos a ir mejorando carrera a carrera, vienen muchas cosas para hacer mejor este coche"), hay que añadir que a los Haas se les fue la tuerca, que Verstappen se metió en un lio, que Carlos Sainz estuvo a punto de vomitar dentro del Renault…es decir que, en un GP normal, igual el 'Nano' hubiese acabado el 10º o 11º. Y, de seguir con el Honda, hubiera roto, sí, sí, roto.
Pero Alonso, el veterano 'Nano', vuelve a sonreir, sí, y sus manos y cabeza, privilegiadas para la velocidad y la resistencia, para Europa y EEUU, continúan siendo decisivas, mientras el Honda sigue rompiéndose después de engañar a todo el mundo en el test de Barcelona y estrenar cada día un motor para tratar de demostrarle al asturiano que se había equivocado pidiendo el Renault.