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EL TABLERO CATALÁN

El desdén inmovilista

Jordi Mercader

Los actores del Congreso, en vez de recuperar el pulso político, llevan cinco meses relamiéndose su pasividad, confiando en que los jueces apaguen el fuego

El gobierno de los jueces no solucionará el litigio de identidades existente entre los pueblos de España desde mucho antes de que existiera  ninguna constitución; sus señorías se limitan a diezmar a los dirigentes independentistas aplicándoles la versión más dura y discutible de la ley. Van a conseguir frenar el desafío planteado por unos líderes demasiado soñadores como para intuir la fuerza del Estado. Sin embargo, el balance de ganadores y derrotados deberían considerarse como transitorio, porque el problema de las relaciones entre Catalunya y España sigue ahí, invicto.

Las fuerzas mayoritarias en el Congreso deben creer que el desenlace de la crisis es definitivo, que solo quedan por saldar las causas judiciales. De no ser así, no se explica cómo no han sabido aprovechar la debilidad y la desorientación de los partidos independentistas para tomar la iniciativa política, ni han sabido interpretar el mensaje suficientemente explícito de ERC y PDECat favorables a la apertura de una nueva etapa, bien contrastado frente al estado mental republicano de Carles Puigdemont, sus fieles y la CUP.

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Despropósitos

Del PP podríamos suponer como mínimo la astucia propia de un partido de Gobierno que identifica la oportunidad de negociar con un adversario quebrantado y compungido; del PSOE, algo más de brío en la defensa de su apuesta federal y de Podemos una presión permanente a los socialistas para que no se duerman ni se olviden de la nación de naciones. Otra cosa es Ciudadanos, de los que solo hay que temer lo peor en esta materia de la pluralidad, como los liberales del XIX, creen en la uniformidad del Estado único como solución a todos los males.

Los actores del Congreso, en vez de recuperar el pulso político, llevan cinco meses relamiéndose su pasividad, confiando en que los jueces apaguen el fuego con unas cuantas sentencias y que para entonces, todo habrá quedado en nada, Catalunya vivirá feliz en su descontento y las ambiciones mayoritarias del catalanismo político podrán ser olvidadas de nuevo. El desdén del inmovilismo es un despropósito, tanto como la mentira unilateral. 

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