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EDITORIAL

Mazazo al 'procés' en el Supremo

El encarcelamiento de Turull y Forcadell, junto a la huida de Marta Rovira, confirman la esterilidad de la vía unilateral

El auto de procesamiento contra los líderes del procés, dictado este viernes por el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena, ha caído como un mazazo en Catalunya, y no solo entre el independentismo. La macrocausa contra los impulsores del referéndum de autodeterminación y de la declaración unilateral de independencia (DUI) se cierra así con 25 procesados por delitos tan graves como rebelión, desobediencia o malversación de fondos públicos, castigados con penas de inhabilitación y decenas de años de cárcel.

En la fase de juicio oral, el tribunal que juzgue la causa deberá dilucidar si la protesta del 20 de septiembre frente al Departament d’Economia, los hechos del 1-O en los colegios electorales o del 27 de octubre en el Parlament encajan, como sostiene el instructor, en la tipología penal de rebelión, que exige la comisión de actos de violencia. Porque algunos pasajes de la narración de Llarena presentan interpretaciones cuanto menos sui generis, como comparar la concentración del 20-S con una «toma de rehenes» con «disparos al aire».

El reingreso en prisión de la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, del candidato a la investidura Jordi Turull --ahora suspendido-- y de los también exconsellers Josep Rull, Dolors Bassa Raül Romeva, junto a la huida al extranjero de la secretaria general de ERC, Marta Roviracincelan con ribetes aún más dramáticos, si cabe, el desenlace judicial de la ofensiva independentista de los últimos años. De las caras visibles del procés, 11 se hallan en prisión preventiva y siete se han evadido de la acción de la justicia. El juez ha reactivado la euroorden contra Puigdemont y los 'exconsellers' huidos.

Al impacto emocional por los procesamientos se ha sumado la carta abierta en la que Rovira anuncia su decisión de «emprender el camino del exilio», invocando su condición de madre para justificarla. Un escrito conmovedor que nos vuelve a recordar que los actores del procés son políticos, con sus errores y sus aciertos, pero también seres humanos que están pagando por sus actos una muy gravosa factura personal.

Estas penalidades confirman la advertencia que los líderes independentistas prefirieron desoír: que la vía unilateral, aparte de estéril, toparía con la firme respuesta de la justicia y dañaría las instituciones catalanas. Una lección que nadie debería olvidar.

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