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Tratamiento mediático de los sucesos

Asesinato y medios: ¿también una cuestión de género?

Gemma Altell

Ante la brutal muerte del niño Gabriel algunos medios han construido un relato dicotómico, machista, racista y maniqueo

En las últimas semanas hemos visto correr ríos de tinta sobre el caso del niño Gabriel y su asesina confesa. Es objetivamente un crimen espeluznante como todos aquellos cometidos contra niños  y niñas, sin duda. Por ejemplo por padres biológicos contra sus hijos e hijas que los llevan a cabo como forma de dañar a las madres que han vivido en situación de violencia de género y deciden separarse.  Desgraciadamente se producen demasiado a menudo. Sin embargo este caso ha despertado una especial saña mediática y juicio moral que nos ha llevado, incluso, a precipitar e instrumentalizar el debate sobre la 'cadena perpetua'. Cabe preguntarse porqué.

La imagen estereotipada, tradicional, de lo que significa ser una 'buena mujer' lleva asociada irremediablemente ser madre y sobre todo buena madre. Esa madre -que tiene como icono clásico una virgen- no solo es madre de sus propios hijos e hijas sino que 'es' la madre del mundo, incapaz de dañar, porque es pura. Aquí radica un de los ejes principales de este escarnio y sensacionalismo mediático derivado de este caso antes, incluso, de que se produzca el juicio.  Ana Julia Quezada ha roto con todas las convenciones de lo que significa ser madre y, por consiguiente, ser mujer. Es percibida como 'antinatural' y no solo por el asesinato de Gabriel sino también por la controvertida muerte de una de sus hijas.

'Instinto maternal'

A los seres humanos a menudo nos cuenta comprender la maldad. Necesitamos explicaciones y en este caso la sanción social ha sido doblemente virulenta por ser una mujer a la que ya se le presume no tener el absurdamente llamado 'instinto maternal'. Solo nos encaja repudiarla y buscar en sus antecedentes vitales signos de su no adecuación al 'rol' que se esperaba de ella: ya sea por el número de parejas que ha tenido, por la relación con sus hijas, etc.

Sin embargo, este caso nos ofrece una dimensión añadida en la que es importante poner el foco. Las feministas lo llamamos interseccionalidad. El hecho de ser una mujer de origen no español, migrada, entre otras cuestiones, añade al hecho y a la descripción del mismo nuevos ejes de sanción social y a la vez permite a la opinión pública una explicación -lamentablemente- más coherente.

Seguimos moviéndonos en imaginarios racistas donde las explicaciones sobre el mal perpetrado por personas extranjeras que no pertenecen a un origen étnico no autóctono contribuyen a explicar y refuerzan el estereotipo: los de dentro somos mejores personasAnte la muerte del niño Gabriel algunos medios han construido un relato dicotómico, machista, racista y maniqueo enfrentando la imagen de la buena mujer –la madre biológica- y la mala mujer –la asesina-. Como en todos los cuentos clásicos: la madre y la madrastra, Eva y Lilith, etc.

El crimen y el drama asociado a esta muerte es innombrable e incomprensible. La construcción del relato y el prejuicio de los medios no están a la altura de la complejidad y sensibilidad que requiere un drama como este. ¿Para cuándo unos medios que contribuían a la construcción de una sociedad justa, humana, compleja  y vivible?

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