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IDEAS

Evacuación de emergencia

Evacuación de emergencia

Miqui Otero

Malos tiempos para los kiwis, los humoristas y la gente con síndrome de Tourette. Es decir, para ciscarse espontáneamente en según qué o quién.

Ayer un vaso de Nocilla aterrizó sobre la uña del dedo gordo de mi pie derecho. Después de acordarme (al fin y al cabo estudié en un colegio salesiano) de tantos santos que juntos podrían formar un equipo de fútbol siete, mi mirada se deslizó con aprensión hacia la ventana. Temí que se descolgaran por la fachada tres letrados ninja para tenderme un 'flyer' de algún juzgado.

Porque últimamente se juzga y condena mediante figuras casi medievales por ofender a la corona o a la iglesia, instituciones en las que el acusado no cree o no cree que existan (no es fácil evacuar físicamente sobre una deidad cuando no sabrías dónde buscarla). También se dictan multas por fotomontajes de tu cara con mueca de Cristo doliente o por, como la revista 'Mongolia', usar con intención satírica la imagen de un matador.

Últimamente se juzga y condena mediante figuras casi medievales por ofender a la corona o a la iglesia

Quizá el sistema judicial es esa profesora que fregaba la lengua con jabón al rebelde. O quizá castiga para alentar nuestro ingenio, el arabesco sutil. En tal caso podríamos inspirarnos en obras recientes, como ese maravilloso 'Insultario' editado por Pepitas de Calabaza, y articular nuestras puyas mediante giros como: "Eres irte a dormir y apoyar la cabeza en una ración de patatas bravas" o "Esos borruchos de pelo del desagüe de la ducha, pero dentro de un revuelto de setas, eres tú".

También puede ser que esta escalada sancionadora responda a una campaña de fomento de la lectura de clásicos: "Alma de almírez, cuesco de dátil", le suelta Altisidora a Don Quijote, que las paga con Sancho Panza: "Infacundo, maldiciente, malmirado, bellaco".

De hecho, del mismo modo que los libreros madrileños han creado una herramienta online para poder leer 'Fariña', el libro secuestrado judicialmente, entre las líneas del 'Quijote', podríamos insultar, bromear, desahogarnos solo con citas de esta obra. El hidalgo era ingenioso, pero algo perturbado, y quizá la única forma de librarse de multas y condenas sea alegar locura. Aunque esa es siempre la mejor táctica del cuerdo en un mundo trastornado.

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