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LA CLAVE

Un smartphone muestra la aplicación de Facebook en su pantalla. 

REUTERS / DADO RUVIC (REUTERS)

#borrarFacebook

Olga Grau

La manera en que Mark Zuckerberg ha gestionado la crisis de Facebook da una idea de cuánto poder se encuentra en manos de unos incapaces o unos soberbios. Y ambas cosas son muy peligrosas

La crisis reputacional en la que se encuentra inmersa la compañía es mayúscula y amenaza al resto de gigantes tecnológicos por proximidad. La pregunta del millón es: ¿Cómo pudieron escapar al control de Facebook los datos de 50 millones de estadounidenses para ir a parar a manos de una empresa que los usó para manipular a los votantes en las elecciones presidenciales de EEUU en el 2016?

El escándalo ha hecho emerger una realidad que espanta. Facebook alcanzó en el año 2017 la crifra récord de 2.000 millones de usuarios activos en un mundo en el que hay censada una población de 7.500 millones, de la que unos 3.500 habitantes tienen acceso a internet. Alrededor de un 60% de los internautas de todo el planeta usan esta red y le confían sus gustos, las fotos de hijos, amigos y familia, sus mensajes más íntimos a través de las aplicaciones de Messenger y de whatsapp. Los datos que maneja esta empresa, cedidos por los propios usarios a cambio del disfrute de un servicio que se percibe como gratuito, tienen más valor que el petróleo si se gestionan adecuadamente, como se ha visto.

Pueden servir para segmentar audiencias, para lanzar mensajes hechos a medida, para manipular audiencias, para ganar unas elecciones o, por qué no, para crear una clima favorable a una guerra. La empresa tecnológica ha gestionado esta crisis con un silencio que ha durado cinco días desde que estalló el conflicto.

Finalmente, el miércoles Mark Zuckerberg decidió dar la cara y, ¿adivinen qué hizo?. Colgó un comunicado insustancial en su página de Facebook: "Nosotros también cometemos errores". La manera infantil e irresponsable con la que se ha afrontado esta crisis, sin dar la cara en persona, sin ofrecer una rueda de prensa, sin responder a los requerimientos de las autoridades europeas ni de los EEUU da la idea de cuánto poder está en manos de unos incapaces o de unos soberbios. Y ambas cosas son muy peligrosas. El mismo Brian Acton, cofundador de Whatsapp, la empresa de mensajería que Facebook adquirió el año 2014, tuiteó el martes: "Es la hora de #borrarfacebook”. Y muchos lo han seguido.

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