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intangibles

Concentración de jubilados en la plaza de Catalunya de Barcelona el pasado 22 de febrero.

FERRAN SENDRA

Jubilados presentes y futuros

Jordi Costa

Los jubilados son un claro ejemplo de compromiso con la sociedad. Tras cotizar y pagar impuestos toda su vida, ayudan a sus hijos a resolver la conciliación vida-trabajo, cuidando a sus nietos y, en muchos casos, sus pensiones han permitido completar las necesidades básicas de estos. Sus protestas, reivindicando lo que consideran justo, ponen el foco en un sistema de pensiones que presenta diversos problemas, sobre todo a medio y largo plazo. Veamos.

España, como todas las sociedades occidentales desarrolladas, ha alcanzado la llamada transición demográfica (sociedades en las que hay tasas muy bajas de mortalidad y natalidad), lo que supone un problema estructural. Esto, unido a la alta y creciente esperanza de vida (España, con una media de 83 años es el segundo país del mundo en esperanza de vida al nacer) genera una sociedad envejecida en la que la pirámide de edad se invierte, de manera que existe una amplia capa de población potencialmente perceptora de pensiones, mientras que la base formada por los trabajadores en activo va disminuyendo cada vez más (en la actualidad, hay 2,5 trabajadores por cada persona mayor de 67 años, a partir de 2.046 habrá menos de un trabajador por cada persona mayor de 67 años)

El ajuste interno para afrontar la crisis del 2007 ocasionó la caída de los salarios, lo que redunda en una reducción de recursos para pagar prestaciones. Esto constituye problema coyuntural, que podría superarse si los salarios aumentan con la recuperación económica y el aumento de la productividad.

Se han introducido reformas tendentes a retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años, a calcular la pensión con las cotizaciones de los últimos 35 años cotizados y a actualizar la pensión al 0,25 % en lugar de aplicar el IPC, lo que ha desencadenado las protestas de los jubilados.

Es necesario un ejercicio de sinceridad y explicar con claridad la situación a los ciudadanos, con la finalidad de llegar a un  pacto de amplio consenso social, para reformar el sistema.

En el terreno de las reformas, medidas a estudiar son, entre otras, la prolongación de  la edad de jubilación más allá de los 67 años, calcular la pensión con las cotizaciones de toda la vida laboral, fomentar los planes de pensiones para complementar las pensiones, hacer cotizar por las máquinas y robots que sustituyen a trabajadores, introducir medidas que favorezcan la natalidad y, creo que será inevitable, financiar el sistema con los impuestos generales.

En mi opinión, el Estado del bienestar debe asegurar tres materias básicas: una educación universal, un sistema de salud universal y unas prestaciones que permitan a los jubilados  y a quienes sufren alguna discapacidad vivir dignamente. Para que esto sea posible, es fundamental que los ciudadanos y las instituciones de gobierno del estado central, autonómico y local, distingamos entre los gastos públicos imprescindibles y los superfluos….y decidamos entre todos destinar los recursos en consecuencia.

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