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LA CLAVE

Los presos, a casa

Enric Hernàndez

Para normalizar Catalunya y estabilizar España, es indispensable que la excarcelación del exconseller Joaquim Forn no sea una excepción

Primeros signos de distensión en la guerra fría entre el Estado y los líderes del ‘procés’. Con hilo directo con la Moncloa, Julián Sánchez Melgar, fiscal general del Estado, ordena facilitar la excarcelación de Joaquim Forn por razones “humanitarias” —dio positivo en el test de la tuberculina— y políticas, siendo de mayor peso estas últimas: el público abandono de la política, que diluye el riesgo de reincidencia, y el rechazo al unilateralismo de Carles Puigdemont, expresado sin embozo en el locutorio de Estremera. Significativamente, el fiscal del Supremo acata la orden de la superioridad “por imperativo legal”. 

Jordi Sànchez, que junto a Jordi Cuixart cuenta ya 155 noches en prisión preventiva, da un paso más en la senda del desistimiento: no solo renuncia a su inviable investidura, sino que se ofrece a entregar en prenda el escaño que obtuvo el 21-D, evidenciando que le importa más recobrar la libertad que retomar la actividad política. Movimiento, el del líder de la ANC, que bien podría allanar su puesta en libertad bajo fianza y la del presidente de Òmnium, amén de la del exvicepresidente Oriol JunquerasCuando se forme un Govern sin su concurso, al líder de ERC la entrega del acta de diputado debería alcanzarle para poder volver a casa.

LAS COSAS DE COMER

Sin perjuicio de la sentencia que acabe dictando el Supremo, relajar las medidas cautelares impuestas a los líderes independentistas no huidos es uno de los instrumentos de que dispone el Estado para propiciar el indispensable deshielo. Todos los presos deben volver a casa cuanto antes si en verdad se desea la normalización política en Catalunya... y la estabilidad gubernamental en España.

Olviden la épica huera y la sacralización de las leyes; aquí hablamos de las cosas de comer. A posconvergentes y posrepublicanos les urge recuperar las riendas del poder, tras cinco meses de traumática abstinencia. Y Mariano Rajoy necesita poner fin pronto al 155 para que el PNV pueda cobrarse el cheque presupuestario y a cambio le permita apurar el mandato, surfeando sobre la ola demoscópica de Ciudadanos y las mareas de indignación social.

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