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Políticos y corrupción

Desagradable conversación entre el exsecretario de Hacienda, Lluís Salvadó, y otro interlocutor sobre la búsqueda de una mujer para Ensenyament.

Pinchazos que duelen

Carles Sans

No solo basta con parecer bueno; en la política hay que serlo

Qué triste es ver cómo algunos políticos se desmoronan y fracasan como tales a causa de conversaciones telefónicas pinchadas, que aunque éticamente discutibles, desenmascaran con rotundidad la hipocresía de alguno de ellos. Los políticos son individuos que, por delegación, gobiernan y deciden lo que se debe o no se debe hacer. Gente que, dado que tienen la potestad de dirigir y ordenar nuestras vidas, se les exige que sean ciudadanos especialmente ejemplares. Pero es una ingenuidad esperar que ellos, hechos de la misma pasta que el resto de los ciudadanos, sean personas modélicas.

En estos tiempos convulsos en los que en España se han ido destapando tejemanejes y corruptelas, han sido varias las escuchas telefónicas hechas públicas que han acabado comprometiendo a un buen número de cargos de considerable relevancia. La mayoría de ellas nos han dejado estupefactos por su contenido y por su forma, haciendo evidente que muchos no son dignos del puesto que desempeñan. No basta con parecer bueno; en política hay que serlo.

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Cada vez los veo más como a actores que, cuando están de servicio, representan su función de la que se saben muy bien su papel; sin embargo, es decepcionante oírles cuando están detrás de las bambalinas, en ese lugar donde creen que nadie les ve ni les oye, despojados del personaje y lejos del escenario en el que representan el papel del héroe y no el del villano, que se lo reservan al contrincante de turno. Santi Vila, 'exconseller' de Cultura sabe un rato de este asunto. Lean, si no, el libro que ha escrito recientemente.

La conversación grosera y machista oída hace unos días del diputado de ERC, Lluís Salvadó, añade más decepción al escaso entusiasmo popular que existe para con nuestros representantes públicos. Quién sabe cuál será el siguiente pinchazo y sobre qué versará la conversación de la siguiente pillada.

Por cierto, lo que merece otro artículo es quién filtra dichas escuchas y con qué objeto. Pero este es otro asunto.

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