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Lo que importa y lo que no

Sònia Gelmà

Messi lidera el Pichichi con la mente puesta en los títulos mientras que Cristiano sigue pensando básicamente en él

Son once contra once, y claro que tienes ventaja si en tu equipo juega Messi. O si en tu equipo remata Cristiano Ronaldo. Pero aunque tendamos a confundirnos, contaminados por la mercadotecnia y los personalismos, el fútbol sigue siendo un deporte colectivo que busca éxitos grupales. Los trofeos individuales pueden servir como guarnición de un título, pero pierden sentido cuando no vienen acompañados del bistec. 

Ahora que la lucha por el trofeo del máximo goleador de la Liga vuelve a parecer una cuestión de estado, podemos recordar la última vez que Cristiano Ronaldo ganó el trofeo. Fue la temporada 2014/15 y su equipo tampoco ganó la Liga aquel año. De hecho, la imagen que retrata aquel Pichichi es la celebración eufórica del portugués en cada uno de los tres goles que marcó en Cornellà en la penúltima jornada de Liga, en lo que era una tarde triste para su afición y para su equipo, puesto que el Barça ganaba su partido en el Calderón y consecuentemente la Liga.

Tres 'pichichis' sin Liga

Su ejercicio de vanidad, su hambre personal, no le permitió ver más allá de su título individual, como si no hubiera contexto. Curiosamente, Cristiano ha ganado tres pichichis en tres temporadas en las que el Madrid no ha sido campeón de Liga y no se ha llevado el trofeo cuando ha ganado la Liga, en dos ocasiones.

Messi explicaba hace unos días en una entrevista como su figura de definidor ha mutado con los años. Llama la atención que él mismo detecte que ahora es menos "egoísta". El argentino se ha adaptado a las necesidades de un equipo que un día lo necesitó como rematador y ahora lo requiere también como generador. A diferencia de Cristiano, su dimensión no se medirá solo por sus goles. Sigue marcando, hasta el punto que es el pichichi, pero ese no es ya su único objetivo.

La necesidad de reivindicarse

El año pasado fue Messi quien ganó el Pichichi, no hubo una gran fiesta, no importaba porque el Madrid se acabó llevando el campeonato, y eso es lo que cuenta. Tampoco Ter Stegen y su lucha por el Zamora quita el sueño a nadie, pero la figura de Cristiano parece necesitar una reivindicación constante.

También resulta comprensible que el portugués busque alicientes en una Liga en la cual solo les queda luchar por la segunda posición. Pero es conveniente recordar que estamos en lo que en baloncesto llamaríamos los minutos de la basura, aquellos que solo sirven para maquillar estadísticas, el partido ya se les ha escapado.

Por mucho que Cristiano se atiborre de goles en las nueve jornadas que quedan, el Madrid ya no va a poder luchar por el título. Lo perdió en una primera vuelta horrenda a la que contribuyó el estado de forma de Cristiano. Y conste que el juego paupérrimo del equipo, una vez más el equipo, no es responsabilidad del portugués. El excelente estado de forma de Cristiano resulta inútil en esta Liga pero refuerza las opciones del Madrid en la Champions. Ahí sí importarán los goles que están por llegar.

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