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Dos miradas

Ximo Puig, president de la Generalitat, ha presentado esta semana la propuesta de reforma constitucional el Consell

Miguel Lorenzo

Letargia

Emma Riverola

Ante la letargia de la izquierda, cobra importancia el intento del presidente valenciano, Ximo Puig, de agitar el debate territorial para una posible reforma de la Constitución

Elucubrar sobre qué habría ocurrido si una jugada de ajedrez hubiera sido diferente no cambia el resultado de la partida, pero puede resultar instructivo. Especialmente cuando el tablero se muestra desesperadamente apático. ¿Cómo sería la actualidad si PSOE y Podemos hubieran llegado a un acuerdo de investidura? ¿Y si las tesis de Errejón se hubieran impuesto a las de Iglesias? ¿Y si Colau no hubiera roto el pacto con el PSC?

En cada uno de estos movimientos prevaleció el cálculo partidista. Imposible no relacionarlos con la nebulosa en la que está instalada ahora la izquierda. Con este aire de derrota, de conformismo, con este silencio formado por discursos de minucias. Entre la corrección y la demagogia. Con poca ambición ideológica, descolocados ante el duelo conservador y los retos nacionalistas, con escasa capacidad para acaparar el discurso y menos empuje para liderarlo.

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Ante esta letargia, cobra importancia el intento del presidente valenciano, Ximo Puig, de agitar el debate territorial para una posible reforma de la Constitución. Su propuesta va más allá del planteamiento federal del PSOE y reivindica el papel principal de las CCAA en el debate de la reforma. Que el Gobierno de la Generalitat valenciana esté formado por socialistas, Compromís y Podemos invita a reflexionar sobre el acierto o el error de las jugadas anteriores de la izquierda. También sobre la dificultad de algunos de sus actores para cumplir las expectativas.