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MIRADOR

La Pedrera

JOAN CORTADELLAS

La Pedrera, panteísta

Xavier Bru de Sala

Los catalanes hemos sido adoctrinados en el menosprecio de los dos únicos genios que Catalunya ha proporcionado a la cultura universal durante los últimos siglos: Gaudí y Dalí

Ciertamente, disponemos de unas élites tan acostumbradas al olimpismo de los propios juegos de intereses como sucedía en la alta residencia del Olimpo, donde sus majestuosos inquilinos jugaban a hacer sufrir a los humanos sin tener en cuenta su mérito.

Gracias a esta peculiar disposición los catalanes hemos sido adoctrinados -sí, adoctrinados por nuestros doctrinarios- en el menosprecio de los dos únicos genios que Catalunya (y con ella España, que suerte tiene de ellos) ha proporcionado a la cultura universal durante los últimos siglos: Antoni Gaudí Salvador DalíGaudí era, y para los seguidores de la línea Eugeni d'Ors-Oriol Bohigas aún lo es, un constructor de monas de pascua monumentales que tan sólo obnubila a los más lerdos. De parecida manera, Dalí era un traidor a todos los nobles ideales, empezando por su propio talento. Un vendido y un cínico vendedor de sí mismo.

Un genio cada medio siglo (del nacido medio siglo después de Dalí sólo les diré las iniciales, MdP), es algo excepcional incluso para los países grandes, por lo que no hay que decir de nuestro. Ahora bien, la excepcionalidad más flagrante radica en el hecho de que no han sido catapultados por Catalunya o desde Catalunya, aunque segregan catalanidad por todos los poros, sino que ha sido el mundo quien ha tenido que notificar la existencia de ambos genios a las élites barcelonesas. Y las élites barcelonesas, que en estos asuntos son las únicas que cuentan, todavía se resisten a creérselo.

Pero la buena gente, de aquí y del mundo que nos admira, sabe distinguir. Por eso le conviene visitar la reinterpretación de La Pedrera -la máxima obra de madurez de Gaudí, su testamento artístico- como compendio de las formas más audaces y luminosas de la naturaleza. Admiren esta obra vestidos de panteístas, y dejen que se la pierdan nuestros racionalistas, que no saben que son los más obnubilados.