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Contrapunto

La pérdida del control en grandes empresas

Salvador Sabrià

En pocos días, Freixenet dependerá de alemanes, Abertis y Cellnex de italianos y Mediapro de chinos

Mientras estábamos preocupados por el traslado de las sedes sociales de varios miles de empresas catalanas a otras autonomías, resulta que lo más importante, el control de las grandes empresas, ha cambiado de manos o lo hará en los próximos meses. Y no será precisamente para quedarse en compañías españolas, sino que pasarán a la órbita de grandes multinacionales extranjeras.

La última en sumarse a este carro de fuga de accionistas del terruño será la cavista Freixenet. Después de lanzar durante meses advertencias públicas de que trasladaría su sede fuera de Catalunya si se mantenía la tensión del procés o avanzaba la posibilidad de la independencia, al final resulta que no cambia su sede sino su accionariado. Ahora, en lugar de un traslado bastante simbólico, en principio, como sería el de la sede lo que ha sucedido ha sido un terremoto en el control real de la firma cuya mayoría pasará a ostentarla la multinacional alemana Henkell. Y de ser una empresa familiar, Freixenet se convertirá prácticamente en la filial de una multinacional extranjera. Los del boicot al cava catalán tendrán cada vez más difícil la elección de la marca que no deberían comprar, si de por sí ya era bastante absurdo boicotear un producto cuyos componentes proceden de muchas zonas diversas de España.

Se preparan más cambios de poder empresarial que trasladarán los centros reales de decisión, y no el edificio o la sede administrativa, de empresas de origen catalán a otros países. Sin ir más lejos, la compañía de gestión de infraestructuras Abertis, que tras un acuerdo entre la españolísima ACS de Florentino Pérez y la firma Atlantia controlada por los Bennetton, pasará, de hecho, a manos italianas (tendrá el 50% más una acción de la nueva sociedad). Una suerte parecida seguirá Cellnex, la compañía de telecomunicaciones que nació de una filial de Abertis, cuyo mayor accionista pasará a ser también Atlantia, si se ejecuta con éxito la opa.

Los cambios de propiedad alcanzan incluso a empresas de comunicación, como Mediapro. Tres de sus socios se han vendido su parte a la china Orient Hontai, y aunque se supone que mantienen un pacto con los otros dos accionistas fundadores para mantener la orientación, lo cierto es que estos han perdido la mayoría.

Sin prisas pero sin pausas, grandes firmas catalanas no se han ido al resto de España, como anunciaban muchos, sino, de hecho, al extranjero. Lo que no deja de ser una pérdida para el conjunto del Estado, aunque a algunos parece que les sienta mejor que una empresa pase a tener una matriz alemana, inglesa (como Iberia y Vueling en manos de IAG), o italiana antes que catalana. 

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