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Elecciones presidenciales

Una mujer pasa ante un espacio publicitario con la imagen de Putin y la leyenda ’Un presidente fuerte es un país fuerte’, en San Petersburgo, el 12 de enero.

AFP / OLGA MALTSEVA

Hablar con Rusia: jóvenes, clase media y diáspora

Áurea Moltó

Cabe preguntarse si la juventud rusa es conservadora o tiene la sensación de vivir en un sistema bloqueado en el que su voto no sirve para nada

Han alcanzado la mayoría de edad en el 2018 con una sola referencia: Vladimir Putin. No vivieron el derrumbe de la Unión Soviética ni el desorden de la Rusia de los años noventa, pero lo conocen por sus padres y por el relato de estabilidad frente a caos de los 18 años del gobierno de Putin. Es difícil saber cuál es la orientación política de la llamada “generación Putin” ni qué papel tendrá en el futuro de Rusia que el propio presidente ha empezado a diseñar incluso antes de renovar su mandato, el cuarto.

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Los sondeos del Centro Levada, una de las pocas fuentes independientes que quedan en Rusia, y las informaciones de los corresponsales extranjeros destacan el conservadurismo de los jóvenes rusos. Con un alto abstencionismo en las urnas, alrededor del 50% de los menores de 25 años cree que el país solo necesita cambios menores, el 34% se declara favorable a reformas de gran escala y para un 15% Rusia no precisa ningún cambio. Cabe preguntarse si más que conservadurismo, lo que los sondeos muestran es el convencimiento de la juventud rusa de vivir en un sistema bloqueado en el que su voto no sirve para nada.

Resistencia pasiv​a

Otros seis años de Putin no significarán, sin embargo, más de lo mismo. El Putin del 2000 no es el mismo que el del 2018. En los últimos dos años, el presidente ha incorporado a nuevos tecnócratas en el Kremlin, el gobierno y los órganos de seguridad. En un informe del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ecfr.eu), Ivan Krastev y Gleb Pavlosky señalan que esta nueva élite, que depende totalmente del presidente, no dará lugar tanto a “un sucesor” como “una generación sucesora” moldeada por Putin.

No obstante, un reemplazo generacional es incontrolable en todas sus dimensiones. Las tensiones serán inevitables y podrían activar a esa juventud descrita como conformista, que se informa a través de internet, está educada y tiene posibilidad de viajar ocasionalmente al extranjero. Hay que contar además con lo que la politóloga Marie Mendras denomina “resistencia pasiva”; la clase media integrada por médicos, periodistas, profesores, abogados, ingenieros y otros profesionales que no trabaja para el Estado y cuya situación es cada vez más precaria. Están también los miles de rusos que han salido del país pero que quieren volver.

Paralelismo con el franquismo

España conoce bien los efectos inesperados de esa combinación de tecnócratas, clase media, jóvenes y diáspora sobre un régimen que quiere garantizar su continuidad pero cuyo único activo es el líder. El investigador del Centro Carnegie de Moscú, Andrei Kolesnikov, ve clara la similitud de la Rusia de hoy con los últimos años del franquismo: “Como Franco, Putin ha dejado de ser el padre de la nación para convertirse en el abuelo. Sin embargo, el régimen no se está haciendo más amable, sino que se está fragilizando”. Si esto es así, conviene recordar la necesidad de generar nuevos interlocutores dentro y fuera de Rusia, un país que es hoy la prioridad de la política exterior de la Unión Europea y con el que los canales de comunicación oficiales se han cerrado casi por completo.