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IDEAS

Desaparezca, monsieur Cantat

Ramón de España

Mientras aquí se imponía la tristeza generalizada por el asesinato de un crío andaluz a manos de su madrastra dominicana -malvada, perturbada o ambas cosas a la vez-, en Francia se revivía un crimen cometido hace años, en el 2003, cuando Bertrand Cantat, líder de la banda de rock Noir Desir, mató de una paliza a su novia, la actriz Marie Trintignant, en un hotel de Vilna, Lituania. El suceso fue de los que hacen historia: Cantat, un tipo de izquierdas que daba la cara por causas nobles, un músico respetado socialmente, no había sabido controlar sus demonios interiores y la había emprendido a golpes con la mujer que tenía más cerca, causándole un edema cerebral que la condujo a la muerte al cabo de unos días. Le cayeron ocho años de cárcel, de los que cumplió poco más de cuatro por buen comportamiento. En el 2010, durante una visita a su exmujer, Krisztina Rady, con la que tenía dos hijos, esta se suicidó. Poco se había sabido desde entonces del señor Cantat. Hasta hace unas semanas, cuando anunció su intención de volver a actuar en directo y se armó el belén.

Mantener un perfil bajo

La madre de la difunta puso el grito en el cielo, así como algunas organizaciones feministas y sociales. La revista 'Les Inrockuptibles' tuvo que disculparse por haberle dedicado una portada al asesino. Este se defendió diciendo que ya había pagado su deuda con la sociedad y que tenía derecho a seguir adelante con su vida, pero al final se ha echado atrás y ha cancelado su gira antes de iniciarla. Sabia decisión: a ver quién tiene estómago para ir a uno de sus conciertos y aplaudirle sabiendo lo que hizo. Yo de él me limitaría a publicar discos y a cuidar de los hijos. Y, sobre todo, a mantener un perfil bajo. Ya que no ha optado por alistarse a la legión, entrar en un monasterio trapense o, directamente, suicidarse, lo menos que le debe a la sociedad en general y a la familia de Marie en particular es hacer como si no existiese.

Puede que sí haya pagado por su crimen. Puede que tenga derecho a actuar. Puede que su vida le resulte insoportable después de lo que hizo. Pero reanudar su carrera como si aquí no hubiese pasado nada es de un cinismo difícilmente soportable. Los hechos tienen consecuencias y hay momentos que lo cambian todo. Sid Vicious se cargó a su novia, Nancy Spungen, en octubre de 1978 y reventó de una sobredosis en febrero de 1979. Bertrand Cantat goza de buena salud, pero no sé hasta qué punto eso es una bendición.

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