Ir a contenido

Horizontes

Reivindicación en las calles Multitudinaria manifestación de pensionistas, el martes pasado, en Barcelona.

AFP / JOSEP LAGO

Rajoy y los pensionistas

Jordi Sevilla

Se trata de aplicar algo de pensamiento disruptivo, el mismo que aplicamos, por ejemplo, cuando la crisis financiera obligó a destinar más de 50.000 millones públicos a rescatar bancos

La intervención parlamentaria del Presidente Rajoy sobre pensiones ha vuelto a echar a los pensionistas a la calle. Todos conocemos las dificultades de sostenibilidad del sistema, el envejecimiento creciente de la sociedad, el tremendo déficit de la Seguridad Social, como también conocemos los recortes aprobados, el Fondo de Reserva desaparecido,  o la abusiva precarización laboral que lleva a que la cotización media de los nuevos afiliados sea ya menor que la pensión media de los nuevos pensionistas. Nadie niega los problemas que con tanta insistencia recuerdan los expertos. Pero los pensionistas, y otros con ellos, dicen que no les gusta una solución, presentada como inevitable, que les obliga a vivir con una pensión escasa y que, por favor, alguien encuentre otra respuesta socialmente más equitativa.

            En realidad, la cosa es bastante sencilla: si cada vez habrá más jubilados en España, cada vez necesitaremos más dinero para pagar pensiones. ¿Será ello posible? Con el actual modelo, no. A partir de ahí, los estudiosos se dividen en dos grandes grupos: quienes consideran que se debe recortar el gasto porque les parece inaceptable que dediquemos tanto dinero (con el 11% del PIB, ya es la primera partida del gasto presupuestario) a pagar a inactivos y, por tanto, proponen más medidas para recortar la pensión media futura en línea con lo hecho en la reforma unilateral aprobada por el Gobierno en 2013. Por otro lado, quienes pensamos que si necesitamos más dinero para pensiones por razones tan entendibles como que hay más pensionistas que vivirán más años, tendremos que sacarlo de algún sitio y que, por tanto, en lugar de centrar el debate solo sobre distintas fórmulas para que los pensionistas cobren menos de lo que les prometimos, haríamos mejor en estudiar de dónde podemos sacar el dinero adicional que necesitamos para cumplir con los pensionistas de ahora y del futuro, empezando por subir salarios, la base media de cotización o acabar con tanta tarifa plana y tanta bonificación inútil que merman los ingresos.

Como se ve, quienes repiten y repiten que el gasto será “insostenible”, no dicen que podría ser perfectamente sostenible si cambiamos el modelo actual por otro que lo haga sostenible. Porque seremos más viejos pero también, como sociedad, más ricos, por lo que la verdadera pregunta no es si tendremos dinero para pagar tantas pensiones, sino si estamos dispuestos a repartir la riqueza de tal manera que se garantice los recursos suficientes para cumplir con los millones de pensionistas presentes y futuros.

Hay quien defiende que debe abrirse más espacio para el ahorro privado en pensiones. Que desde el sector público se garantice una pensión mínima para todos y que el resto sea responsabilidad individual de cada ciudadano que lo conseguirá mediante planes de gestión privada fiscalmente incentivados, sean de empresa o individuales. Sería un modelo muy poco redistributivo, basado en la previsión de cada ciudadano y en cómo le haya tratado la vida a lo largo de su etapa laboral.

Otros, sin embargo, preferimos mantener el sistema público, solidario y redistributivo, pero introduciendo algunos cambios en la forma de financiarlo, precisamente para garantizar que habrá recursos suficientes para el gasto que viene, empezando por aceptar que un modelo moderno de pensiones no tiene por qué financiarse, como hace cien años, solo mediante cotizaciones sociales. Que si inyectamos al actual sistema nuevos fondos complementarios que capturen y redistribuyan una parte de la riqueza social creciente, entonces sí habrá suficiente dinero para pagar todas las pensiones al nivel comprometido. Que si en lugar de limitar los recursos a lo que genere unas cotizaciones sociales regresivas, en mercados laborales desestructurados, incorporamos otros ingresos provenientes de impuestos que graven y redistribuyan la riqueza colectiva, el modelo podrá ser sostenible.

Se trata de aceptar algo de pensamiento disruptivo en la materia. El mismo que aplicamos, por ejemplo, cuando la crisis financiera obligó a destinar más de 50.000 millones de euros públicos a rescatar bancos, porque una situación excepcional lo exigía. Ahora, la evolución previsible de las pensiones está dejando obsoleto el modelo que nos ha traído hasta aquí y hace falta evolucionarlo hacia otro en el que se garanticen los recursos necesarios sin negar que puedan reformarse, también, otros aspectos como la tasa de sustitución, la edad de jubilación o cobrar cotizaciones por robot empleado. Pero resignarse al empobrecimiento como única salida no, gracias.