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El futuro de Catalunya

Hubo un tiempo en que nos preguntamos si esta institución continuaba teniendo razón de ser. Qué ingenuidad.

La Guardia Civil registra la sede de Òmnium a ver si encuentra rastros de haber contribuido -supongo que con las aportaciones de los socios- a financiar el referéndum del 1 de octubre. Vómito. Llega a casa una carta del presidente, Jordi Cuixart, escrita a mano desde la cárcel de Soto del Real, expresándome el convencimiento de que “toda esa sensibilidad, solidaridad y ternura que tenemos hacia las familias y los amigos de quienes están en prisión, represaliados por el Estado, nos está convirtiendo en mejores personas. Que el legado que dejamos a las generaciones futuras dará unos frutos magníficos más pronto que tarde”. Generosidad.

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Hubo un tiempo en que nos preguntamos si Òmnium Cultural continuaba teniendo razón de ser. ¡Qué ingenuidad! Habíamos recuperado las instituciones que la dictadura nos robó. Creíamos que la democracia estaba totalmente asegurada en España, con la separación de poderes garantizada, y que los herederos del franquismo se escondían avergonzados. Así que, de lo que se trataba entonces era de actuar para que el espacio cultural catalán tomara la dimensión que le correspondía dentro del Estado y mundialmente, ya que los tics centristas que llegaban de Madrid, estaban tan enraízados, que a menudo impedían abrazar la riqueza cultural de Catalunya como propia.

Me hice socia de Òmnium cuando tuve el honor de presentar la Nit de Santa Llúcia y de estudiar el pasado oscuro del franquismo negando cualquier atisbo de identidad, la literaria en primer lugar. Han pasado los años y aquellos tics se han convertido en una mueca tan grosera, que la mayoría de la población de Catalunya se sabe suficientemente adulta políticamente para ejercer el derecho a decidir. Y ahora, ¿dónde estamos? Dos datos. Las autoridades suizas no detendrán tampoco a Carles Puigdemont. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos acaba de rectificar a la Audiencia Nacional y al TC: no es delito quemar fotos del rey. Europa limita la represión de las estructuras “democráticas” españolas, pero arriesga poco, esa es la verdad.

Cuixart acaba la carta diciendo: “Abracémonos con amor”. Es un ruego interno a la unidad. 

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