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ANÁLISIS

Conte, entrenador del Chelsea, felicita a Messi, al acabar el partido en el Camp Nou.

JORDI COTRINA

Marzo, marzuelo

Jordi Puntí

Si abril es el mes más cruel, sobre todo para los que acaben eliminados en cuartos de final de la Champions, el mes de marzo llega siempre como un ensayo general de lo que puede ocurrir hasta final de temporada. De repente la vida va en serio, los equipos confirman en pocas semanas si la planificación ha sido bien medida, y los jugadores se saben en un momento crucial para su futuro inmediato.

En año de Mundial, además, esta especie de examen sorpresa se acelera. Los espectadores tenemos entonces la sensación de que el mundo del futbol se disgrega en múltiples detalles relevantes, y ya se sabe que los detalles marcan la diferencia.

Tomemos al FC Barcelona, por ejemplo, y las consecuencias de la victoria práctica y contundente frente al Chelsea. La primera conclusión es que, una vez mas, Messi demostró que el destino del futbol -perdón: del Futbol- pasa siempre por sus pies. La eliminatoria se resolvió cuando él quiso, aunque esto no es novedad ni lo más destacable.

Lo que sobresale es el compromiso de todo un equipo para jugar a su alrededor, sin muchos alardes personales, algo que a su vez revierte en el propio jugador argentino. ¡Qué distinto este Messi del de hace cuatro años -cuando entrenaba el Tata Martino-, y con qué decisión se dirige sin reservas hacia el Mundial de Rusia!

Uno de los más beneficiados por este juego de equipo ante el Chelsea fue Dembélé. Defendió y corrió como el que más, y dejó un gol que personalmente me hizo mucha ilusión: fue como si el jugador madurara dos años en un partido, y se abre con él toda una esperanza de futuro.

Como estamos en marzo, la noche actualizó otros debates que están latentes desde hace un tiempo. Ahí está André Gomes, agasajado por el público tras haber pedido un poco de cariño. Alguien debería contarle que ha tenido suerte: recuerdo hace años un caso parecido con el jugador holandés Bogarde, al que se le silbaba a menudo o, peor, se le aplaudía irónicamente por sus errores -todo un infierno.

Las figuras de Iniesta y Sergi Roberto

Dos nombres más aparecen en el ensayo general de marzo. Iniesta, quien tras jugar 55 minutos a un nivel supremo, dejó entrever su salida al final de la temporada: un cataclismo que todavía no queremos creer, un final de época parecido al que cerró Xavi. El otro nombre es Sergi Roberto, portentoso en su juego de comodín, y sin embargo insuficiente -de momento- para el seleccionador español Lopetegui. Abril y mayo serán importantes para él.

Todos estos detalles van a dejar su impronta, para bien o para mal, en lo que ocurra las próximas semanas. Y desde hoy mismo. En este repaso, el Athletic Club llega hoy al Camp Nou con los biorritmos cambiados, tras una mala experiencia en la Europa League.

No se sabe qué pesará más en los de Bilbao, si el desencanto de haber quedado eliminados, o el alivio de dejar atrás una competición que a ratos parece un mundo sin civilizar: como una regresión al futbol de los años 80, cuando dominaban las bengalas y las peleas entre bandas en las afueras de los estadios.

Como les gusta decir a los psicólogos de guardia: hoy empieza todo.

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