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LA CLAVE

Desobediencia y represión

Enric Hernàndez

Ahora los líderes del 'procés' acatan la ley, pero los adultos sabemos que los actos pasados también tienen consecuencias

La Generalitat y el Parlament acataron el 'diktat' de Mariano Rajoy: ni se fundaron repúblicas, ni se tomaron las calles, ni se arriaron banderas rojigualdas. Nadie se atrincheró en los despachos oficiales; los funcionarios cumplieron órdenes. 

Las fuerzas independentistas, CUP incluida, se plegaron ante las elecciones autonómicas del 155. En la campaña del 21-D amagaron con airear el espantajo del pucherazo, pero lograda la mayoría no cuestionaron la limpieza de los comicios.

La mayoría de líderes del ‘procés’ acudieron a la llamada del juez, arrostrando algunos traumáticas secuelas. Otros prefirieron evadirse para evitar la prisión, exponiéndose a un largo extrañamiento.

Cuando el Constitucional prohibió la investidura remota de Carles Puigdemont, el Parlament asintió y el candidato tiró la toalla. Tras rechazar el juez la investidura del suplente Jordi Sànchez, Junts per Catalunya le busca relevo para cuando la decisión sea firme. Hasta los diputados afincados en Bruselas han resignado su derecho a voto, prólogo de renuncias venideras. 

La justicia, implacable, sigue su curso --prisiones preventivas, autos de procesamiento, inspeccionesdetenciones, registros...-- sin que el movimiento independentista pase del lamento y una movilización de baja intensidad. La secesión, nos contaron, era la única alternativa posible frente a un “Estado autoritario”, pero al ejercer este su autoridad, sin complejos y con algunos excesos, la única respuesta cierta ha sido el sometimiento.

GLORIA EFÍMERA

La denunciada represión no es otra cosa que la respuesta judicial a la anunciada desobediencia. Los adultos sabemos, o debiéramos saber, que nuestros actos siempre tienen consecuencias, aún mayores cuanto más altas responsabilidades ostentamos. Desafiar a la ley procura una gloria efímera, pero luego pasa factura.

No entrevea el lector en estas reflexiones el menor asomo de crítica: pese al desgobierno catalán, últimamente la dirigencia soberanista propende más al sentido común que en años precedentes. Solo falta que forme Govern, olvidándose de las fantasías de Waterloo y las repúblicas de 'fireta'. 

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