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Ideas

El expreso de Londres

Jordi Puntí

Hace 25 años, en Semana Santa, fui por primera vez a Londres, y aquel fue ciertamente un viaje musical. Como no teníamos un duro, con un amigo tomamos el vuelo más barato y llegamos al aeropuerto a las once de la noche. No habíamos reservado hotel, santa inocencia, pero en la oficina de turismo nos encontraron uno en Earls Court. Se llamaba Ramses y la habitación, en la planta baja, estaba impregnada de un olor a curry que nos provocaba sueños exóticos. A la mañana siguiente salimos a recorrer la ciudad con una sensación de cercanía: vivíamos desde la adolescencia en las canciones que nos gustaban.

Nos habían dado algunas direcciones de bares, librerías y tiendas de discos en el Soho. Fuimos a Charing Cross porque salía en una canción de Everything But The Girl. Nos perdimos en Tower Records. En un quiosco compramos el 'Melody Maker' y el 'New Musical Express', las revistas que marcaban el paso del pop-rock británico. Las leíamos el pub, frente una pinta de cerveza negra, y nos maravillaban las listas de conciertos, los nombres de salas míticas como el Marquee o el Hammersmith, los anuncios que buscaban un batería mod, un bajista de rockabilly, una cantante "estilo Debbie Harry".

El 'NME' ha publicado el último número de su edición en papel, una muerte anunciada tras una larga decadencia

Esos días la ciudad estaba llena de pósters de un nuevo grupo. Un dibujo ambiguo en el que dos personas se besaban y sólo un nombre, Suede. En una tienda pedí que me dejaran escuchar el disco: sonó 'So Young' y al oír las guitarras cristalinas y la voz aguda de Brett Anderson supe que habíamos ido a Londres para encontrar a los sustitutos de The Smiths. La euforia del descubrimiento continuó durante cuatro días más, buscando alguna grabación pirata del último concierto de The Jam, o siguiendo la pista de Vic Godard, y volvimos a casa un poco más sabios y más mundanos.

Esta semana el 'New Musical Express' -'NME' para los amigos- ha publicado el último número de su edición en papel, una especie de muerte anunciada tras una larga decadencia. De aquel Londres que vi hace 25 años ya no queda casi nada, ni las tiendas ni la mayoría de grupos, solo la nostalgia facilona que nos dicta artículos como este. La nostalgia y los discos, por suerte.

Temas: Londres Música

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