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AL CIERRE

Los jugadores del Red Bull Salzburgo celebración su clasificación en la Europa League ante el Dortmund.

REUTERS / LEONHARD FOEGER

El conflicto Red Bull

Axel Torres

El Leipzig y el Salzburgo no se enfrentan aún en la Europa League, pero un posible cruce levantaría suspicacias

De nuevo, el sorteo de la Europa League no emparejó al RB Leipzig y al RB Salzburgo, pero el mero hecho de que ese enfrentamiento fuera posible debe ser suficiente para que reflexionemos sobre ello. La UEFA se ha ahorrado varios artículos cuestionando su controvertida medida del pasado verano de permitir que ambos clubs disputaran competiciones europeas, pero la amenaza sigue ahí, muy visible para todos. Y el hecho de que ambos sigan vivos plantea nuevas preguntas que antes ni nos habíamos imaginado: ¿qué ocurriría si se midieran en una final, con el premio gordo del acceso directo a la Champions en juego?

El proyecto deportivo de Red Bull se inició en Salzburgo, y cuando le surgió la oportunidad de hacerse fuerte en Leipzig, movió las fichas hacia Alemania al considerar que el potencial económico, mediático y deportivo de la Bundesliga le permitiría llegar al primer nivel del mundo del fútbol de manera más rápida. Durantes tres años, ambos clubs compartieron director deportivo: Ralf Rangnick. Él diseñaba las dos plantillas, decidía quién era el entrenador de los dos equipos e incluso ideaba trasvases de jugadores de un lado a otro. Así fue como los mejores futbolistas del Salzburgo empezaron a fichar por el Leipzig -en la actual nómina de los alemanes hay ocho que realizaron ese viaje: Sabitzer, Gulacsi, Upamecano, Ilsanker, Bernardo, Schmitz, Nabi Keïta y Laimer-.

Ingeniería empresarial

Algunos de los que se quedaban en Austria manifestaban en privado que se sentían abandonados por la dirección colectiva del proyecto. Todo el mundo se preguntaba qué ocurriría cuando el Leipzig alcanzara las primeras posiciones de la Bundesliga y se clasificara para la Champions League, donde coincidiría con un Salzburgo que arrasaba año tras año en Austria. Las normas de la UEFA eran claras: dos clubs con la misma propiedad no podían disputar el mismo torneo y a uno de los dos no se le permitiría la inscripción para garantizar el juego limpio.

Finalmente, este verano se acabó dando el conflicto de intereses anteriormente anticipado. Y, para sorpresa de todos, la UEFA permitió a ambos iniciar la disputa de la Champions League. Red Bull se había movido sigilosamente y con una maniobra de ingeniería empresarial había regularizado su situación para no aparecer como propietario del Salzburgo, sino únicamente como patrocinador. Del mismo modo, los trabajadores que se encargaban de realizar tareas para ambas entidades se centraron en una de las dos para poder demostrar que nadie mantenía una posición de control sobre los dos clubs a la vez.

Sin embargo, la relación entre ambos sigue pareciendo evidente. Las mismas iniciales, escudos prácticamente idénticos, indumentaria calcada y relaciones laborales estrechísimas entre ambos –al menos en el pasado reciente-. Las suspicacias que se producirían en un duelo entre ambos serían inevitables y lógicas, incluso para los que no acostumbramos a creer en teorías conspiratorias.

Los reglamentos no solo tienen que preservar la limpieza de las competiciones y su máxima integridad: además, tienen que ser difíciles de regatear mediante maniobras de expertos abogados que persiguen adecuar a la literalidad de la norma un propósito que va contra su espíritu.

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