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Los mensajes misóginos

Hombres que envían cosas por WhatsApp

Berta Florés

Las formas virtuales de violencia y machismo están de lo más normalizadas bajo la máscara del 'humor'

Ahora que hemos conocido los mensajes machistas que corren por el móvil de un diputado —que, por cierto, deben ser los mismos que circulan por los de muchos otros políticos, empresarios, periodistas, congresistas o directores de películas— quizá sea un buen momento para hablar del uso que muchísimos hombres hacen del WhatsApp como instrumento para burlarse de las mujeres.

Hace poco, coincidiendo con el 8M, deambulaban por la red un montón de chistes machistas que, a modo de pataleta, pretendían ridiculizar el movimiento feminista y situar a la mujer dentro de la casilla de ser sumiso. Son las 'bromas' que ya no queda bien hacer en bares, por sexistas, pero que a través del anonimato, el coraje y la supuesta informalidad que nos brindan las tecnologías más de uno se atreve a enviar, sobre todo en grupos de WhatsApp integrados exclusivamente por hombres (heterosexuales). En estos grupos también son habituales las fotografías y los vídeos pornográficos en los que aparecen chicas maltratadas, humilladas o vejadas por hombres que las tratan como objetos sexuales.

Alta carga misógina

Estas formas virtuales de violencia y machismo están de lo más normalizadas y bajo la máscara del 'humor' se han convertido en cotidianas: los contenidos se envían y se abren en muchos dispositivos a cualquier hora y con cualquier pretexto. Y su alta carga misógina, de hecho, se utiliza como herramienta socializadora dentro de las dinámicas de los chats, como una excusa 'graciosa' para romper el hielo, iniciar una conversación o preguntar qué planes hay.

Quienes reciben esos mensajes y no los rechazan son cómplices de una maquinaria machista

Una figura clave de este fenómeno es la de aquellos usuarios que actúan como principales emisores de estos contenidos entre sus contactos. Según se ha visto, se trata de hombres que necesitan reivindicarse como machos alfa y sentirse admirados por los otros, que tienen una baja autoestima y que creen reafirman su virilidad a través de esta práctica. Pero estos personajes no son los únicos que intervienen: también lo hacen aquellos que cuando disponen de las imágenes se apresuran a comentarlas, aplaudirlas y reenviarlas.

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Ahora que tantos hombres han preguntado cuál tenía que ser su papel el 8M, que tantos hombres han asistido a la manifestación, que tantos hombres han declarado su compromiso con la igualdad… sería bueno pedirles qué hacen ellos cuando a sus pantallas llegan contenidos misóginos. Para todos los que se preguntan cómo pueden sumarse a la causa feminista parece de sentido común proponerles que sean capaces de tomar partido y demostrar su rechazo cada vez que un mensaje de estas características caiga en sus manos.

Que sean suficientemente valientes para explicar a sus camaradas que propagar este tipo de artillería no es ni guay ni moderno ni progre, sino machista. Que se den cuenta que callar les hace cómplices de la maquinaria que perpetua y legitima las violencias contra las mujeres. Que asuman su parte de responsabilidad. Contribuirán, entonces sí, a construir una sociedad más justa, más igualitaria y, por supuesto, menos hipócrita.

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