Ir a contenido

Dos miradas

Los padres de Gabriel, en la capilla ardiente, junto al ministro Zoido.

JOSÉ LUIS ROCA

El bien y el mal

Josep Maria Fonalleras

No hay un combate más agradecido para el espectador que el del bien superlativo y el del mal más abyecto

El bien y el mal absolutos se enfrentan con crudeza y nos visitan en el salón de casa. Y nos miramos la lucha como un espectáculo, que es lo que quieren los medios de comunicación que viven del espectáculo. No hay un combate más agradecido para el espectador que el del bien superlativo y el del mal más abyecto. El bien tiene todos los ingredientes imprescindibles: la alegría, la sonrisa, la ingenuidad, referentes naturales y puros. La pureza es la quintaesencia del bien, la falta de mácula, la inocencia que se personifica en un niño.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

El mal también los tiene: el rencor, la premeditación, el horror, los antecedentes oscuros, la voluntad de infligir dolor. La indiferencia, la mentira, la suplantación son la quintaesencia del mal. Y se multiplican con dos factores que ensanchan la condición de monstruo: la alteridad y el hecho de que no se trata de un mal lejano, desconocido, misterioso, sino cercano, empotrado en la vida de cada día, familiar. Esta combinación hace que se fragüe la tormenta perfecta. Y eso es lo que ha pasado, con elevadas dosis de sentimientos desatados y con la aparición de una turba -empujada por los propios medios, consentida por la derecha más rancia- que reclama la justicia como venganza.

Este jueves se discute en el Congreso la derogación de la prisión permanente revisable, esta cadena perpetua maquillada. Convendría que no olvidáramos que el derecho da forma a una sociedad y que el linchamiento y la picota no descalabran al reo sino al verdugo.