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DOS MIRADAS

Carles Puigdemont y algunos miembros de su Govern.

Suicidio

Emma Riverola

El plan propagandístico quiere imponerse de nuevo a un plan político realista; es más fácil exhortar que diseñar estrategias a medio y largo plazo

El 26 de octubre el 'procés' se suicidó. Numerosos testimonios van relatando lo que ocurrió el día en que Puigdemont llegó a Palau decidido a convocar elecciones y acabó optando por la DUI. Revisando los tuits del magma 'procesista' del momento -políticos, propagandistas y empresarios por la causa- contemplamos el relato de una presión que entonces exhalaba revolución y ahora huele a delirio. Desde boicots a la banca, citas de Desmond Tutu para señalar a los traidores, glosas a "la força de la gent" o la demonización de la prensa independiente. También los alcaldes con sus tuits y sus varas jalearon al Gobierno para salir a la arena de los leones. La DUI se zanjó según la lógica política europea, el Estado respondiendo con contundencia al desafío. 

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Y ahora volvemos a estar ahí. Decidiendo cómo nos suicidamos. Los que jaleaban entonces siguen haciéndolo. Exhortando a avanzar, aunque no se sabe adónde. Ya no hay tanta unanimidad en los políticos del ‘procés’. Algunos están por gobernar. Otros, por el agravio permanente. Otros, por seguir adelante con la implementación unilateral, sabiendo que eso significa el 155 permanente y perjudica a los presos.

Plan político realista

El plan propagandístico quiere imponerse de nuevo a un plan político realista. Es más fácil exhortar que diseñar estrategias a medio y largo plazo. Quizá la vanidad de algunos se reconforta tachando de fachas a todos los que no comulgan con el suicidio. La inteligencia ya es otra cosa.

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