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Dos miradas

¿A cuánto cotiza hoy el litro de vómito? Es fácil, casi instantáneo y da amplísimos réditos. Un puñado de palabras y las redes las extenderán

¿A cuánto cotiza hoy el litro de vómito? Es fácil, casi instantáneo y da amplísimos réditos. Un puñado de palabras y las redes las extenderán. El problema no es solo la persona que expele su hiel, sino la animosidad con la que nos lanzamos a bañarnos en ella y compartirla. Quizá es el horror el que nos impele a hacerlo. O el dolor o la provocación o la denuncia pública. Pero, al fin, no hacemos más que expandir la acidez de la bilis. Corrompiéndolo todo, hasta el pensamiento.

“Que no se extienda la rabia”, ha dicho Patricia Ramírez, la madre de Gabriel, el ‘Pescaíto’. “Que nadie hable más de esta mujer”, ha añadido. Y esa petición, llena de sabiduría y bondad, es un rayo de luz frente al pozo negro en el que a menudo se convierten las redes. ¿Por qué compartimos las afrentas? ¿Por qué las magnificamos? ¿Por qué lo hacen personas con relevancia pública, también políticos? ¿Por qué los medios les prestan el altavoz? En el mejor de los casos puede ser por un impulso de rechazo. Pero quizá hay otros motivos bastante más oscuros. Desde la tentación de erigirse en juez sin juicio o, mucho peor todavía, por la vanidad de generar más clics, de ser más conocidos, más populares…

No son las redes el problema, sino la influencia que les otorgamos y la facilidad con la que entregamos nuestro raciocinio a escupitajos salidos de las vísceras. Convertir a las hienas carroñeras en ‘influencers’ solo nos envilece. 

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