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Oenegés y explotación sexual

Mirando al futuro en el trabajo humanitario

Mirando al futuro en el trabajo humanitario

José María Vera

Necesitamos más mujeres en las misiones de las ONG y en los puestos de dirección de las organizaciones

La publicación del caso de abuso de poder y explotación sexual por parte de trabajadores de Oxfam Gran Bretaña en Haití en el 2011 ha levantado con fuerza el reto del comportamiento machista en las ONG y agencias de Naciones Unidas, especialmente en las crisis humanitarias, donde la vulnerabilidad de las personas con las que trabajamos es mayor.

La actuación de las grandes organizaciones frente al acoso y el abuso sexual era frágil en esos años. Ha pasado tiempo y los protocolos han mejorado. Los que conozco mejor, los de Oxfam Intermón, no pueden evitar que un caso individual se produzca. Sin embargo, son implacables cuando se dan. Las personas voluntarias o contratadas por la organización, más de 3.000, firmamos un código de conducta. Hay una forma segura de denunciar comportamientos inadecuados. Todas las denuncias se acogen, valoran y responden, se investigan las que lo requieren y, si es el caso, se sancionan. Y cuando constituyen delito, se derivan a la justicia. Desde ahora también informaremos sobre los casos sancionados hasta donde la legislación nos permita. Una decisión pionera en España.

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Nuestra experiencia y el amplio debate de estas semanas nos muestran que aún podemos mejorar más. En las organizaciones, reforzando los procesos de selección, garantizando referencias seguras, difundiendo los protocolos y acompañando mejor a las víctimas.

Cambio dentro de las organizaciones

Debemos abordar el reto de forma sectorial, abiertos a una mayor exigencia por parte de las administraciones públicas y buscando su protagonismo imprescindible, por ley, para que podamos intercambiar información de personas sancionadas por estos hechos.

Debemos romper el mito del cooperante con chaleco multibolsillo, que ya solo por su imagen refleja poder

Con todo, el cambio más significativo debe producirse dentro de las organizaciones. Los derechos de las mujeres están en el centro de nuestros valores y debemos garantizar que las mujeres que trabajan con nosotros, pero también aquellas que apoyamos, están en un entorno seguro.

Debemos romper con el mito del cooperante de chaleco multibolsillo, hombre casi siempre, que ya solo por su imagen refleja poder. Necesitamos más mujeres en las misiones humanitarias y en puestos de dirección, y más acompañamiento a quienes se dejan la piel para salvar vidas en los lugares más difíciles del mundo.

Lo que no podemos hacer es abandonar el trabajo que hacemos, en nuestro caso, apoyando a más de 19 millones de personas en 90 países. Ni nosotros ni otras oenegés que, junto con organizaciones locales, trabajamos en guerras y catástrofes, al lado de las personas vulnerables que pasan hambre y sed, que se enfrentan al desierto y al mar, que ven su tierra devastada por el conflicto y el cambio climático. A nosotros, y a millones de personas, este trabajo nos importa, y mucho. Tanto como para dedicarle nuestra vida.

Seguiremos en ese empeño de construir un futuro sin pobreza, contando con el apoyo de quienes siempre han confiado en nosotros y recuperando el de quienes dudan, enfrentando con más contundencia aún el acoso y abuso sexual en nuestras organizaciones.

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