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Análisis

Pañuelos rojos en el Raval paraprotestar por el problema de la droga.

CARLOS MONTANYÉS

El Raval sin tópicos

Esther Vivas

El barrio vive una nueva ofensiva, aunque esta forma parte de una antigua pelea. Se trata de la lucha contra el lobi inmobiliario

He vivido 12 años en el Raval, hasta hace poco, y mi escalera era un fiel ejemplo de lo que es el barrio. Gente y parejas jóvenes de clase media, familias o grupos de personas migrantes y algunos mayores, ya muy pocos, que apenas podían bajar a la calle, cada uno viviendo en sus 38 metros cuadrados del centro de la ciudad. Sin apenas problemas ni nada de trifulcas. Una realidad muy alejada de lo que a menudo se cuenta del barrio, y sus tópicos.

'El chino', como lo llamaba mi abuelo, haciendo referencia a esas calles donde en su juventud había salido de juerga, ha sido siempre sujeto de historias, mitos y leyendas, objeto de rechazo y deseo. Lo fue ayer, y lo sigue siendo hoy. Su ubicación estratégica en el centro de la ciudad es su patrimonio, su bandera, pero también una maldición, como lo es para tantos otros centros de grandes urbes, en el punto de mira de la especulación.

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Lo vimos en los años 90, con un proceso de remodelación urbanística, que echó a muchas familias, como consecuencia de la gentrificación, expulsando a vecinos de toda la vida ante el aumento del precio de la vivienda. Sin embargo, el proceso quedó a medias ante la llegada imprevista de personas migrantes, quienes truncaron los planes institucionales. Un ejemplo más de la idiosincrasia de un territorio que desafía el cambio y se obstina en mantener la identidad. Un paseo por sus estrechas calles, abarrotadas y ruidosas, nos muestra que el Raval resiste.

Ahora el barrio vive una nueva ofensiva, aunque esta forma parte de una antigua pelea. Se trata de la lucha contra el lobi inmobiliario que desde hace años quiere «hacer limpieza» y ampliar la cuota de negocio. Los 'narcopisos' son un síntoma de este último asalto, y sirven una vez más, como tantas otras en el pasado, para estigmatizar el barrio. Sin embargo lo que distingue este 'territorio comanche' es la capacidad de resistencia de su gente, de apoyarse, codo con codo, con toda su transversalidad social y cultural, a pesar de las diferencias, en estos tiempos difíciles, para salir a la calle a ganar.

Autoorganización vecinal

La autoorganización ha conseguido plantar cara y buscar soluciones al problema de los 'narcopisos', lo que ha permitido sumar simpatías y apoyos a la causa. Pero el enemigo se encuentra más allá de quienes en realidad son víctimas de la droga, como señalan los vecinos. Son los bancos, los fondos de inversión y las inmobiliarias los que están detrás de una fenómeno que empuja hacia un nuevo proceso de gentrificación. La oposición en el Ayuntamiento de Barcelona no pierde oportunidad para amplificar irresponsablemente el fenómeno y utilizarlo como arma arrojadiza de partido, a poco más de un año de las elecciones municipales.

Somos muchos los que amamos ese Raval de gentes populares que tan brillantemente retrató hace unos años, y con un humor de lo más ácido, la pieza de teatro 'Super Rawal' de Marc Martínez. Una obra que tomaba como título el nombre de ese colmado que aún resiste en la calle del Carme, todo un motivo para la esperanza.

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