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LARGO PLAZO

¿Proteccionismo o ludismo?

Olga Grau

Trump neglige una realidad de la que no se debería abstraer. En el futuro, la tecnología de Silicon Valley destruirá más empleos que el libre comercio

Tres son los argumentos de Donald Trump para iniciar la guerra comercial con el mundo. El primero hace referencia a la necesidad de mantener una industria metalúrgica local por necesidades de seguridad y defensa de los EEUU. Esgrime Trump que si EEUU no hubiera tenido una industria pesada y un sistema de provisión energética suficiente a inicios del siglo XX no hubiera sido capaz de combatir en dos frentes simultáneos: contra Alemania de la mano de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial y contra Japón en el Pacífico. La clave fue contar con una industria pesada que se pudo reconvertir rápidamente a producir armamento y material militar.

La segunda razón que justificaría preservar las grandes factorías de acero y metal es el mantenimiento de una clase media trabajadora, los rednecks (término utilizado en EEUU y Canadá para nombrar el estereotipo de un hombre blanco que vive en el interior del país y tiene una baja renta). Contar con una clase media con salarios medio-bajos sería esencial para sustentar el orden social, sobre todo en zonas del interior del país donde la población no puede ser empleada masivamente en almacenes de Amazon o en los servicios.

Por último, Trump considera que el America First ayudará al progreso económico del país. Y que si no es así, bien vale pagar el precio de reducir el PIB si este es el coste de lograr los dos primeros puntos anteriormente mencionados: fuerza militar y estabilidad social. 

En su análisis, Trump neglige una realidad de la que no se debería abstraer. En el futuro, la tecnología de Silicon Valley destruirá más empleos que el libre comercio. De manera que el America First o el proteccionismo parecen una nueva forma de ludismo, el movimiento del siglo XIX en Gran Bretaña en el que los artesanos rompían las máquinas que destruían sus empleos como reacción a la innovación.

Detrás del proteccionismo, Trump esconde su incapacidad para afrontar los problemas en los foros internacionales por la via del multilateralismo defendido históricamente por los EEUU y actúa como los ludistas, rompiéndolo todo. El populismo basa su éxito en la información sesgada. Estados Unidos es el mayor comprador de acero a nivel mundial y obtiene dicho metal para su industria de al menos 110 países.

Su vecino y aliado Canadá suministra el 90% del acero que consume, mientras que China tan solo provee un 2%. Corea del Sur, otro aliado de EEUU en el conflicto con Corea del Norte, es el cuarto proveedor de acero de los EEUU. Trump podría haber acudido a los foros de comercio mundiales para intentar pactar con Europa que China cierre parte del parque de plantas de acero cuyos excedentes generados por el menor consumo interno inundan los mercados internacionales y presionan los precios a la baja. El libre comercio sin reglas o la amenaza al empleo de las grandes tecnológicas debe resolverse a nivel global porque son amenazas tanto para EEUU como para Europa. Pero siempre es más fácil buscar a un enemigo al que culpar que cooperar para resolver problemas globales.

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