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Peccata minuta

Mujeres y hombres

Joan Ollé

Renuncié a un día de sueldo para ponerme en la piel de tantas mujeres (y hombres) que, siendo las más necesitadas, no habrán podido participar en la huelga porque sus disminuidos ingresos y contratos en precario no lo aconsejan

Analizábamos en clase un poema de Gabriel Ferrater: "'Ella dorm. L'hora que els homes ja s'han despertat, i poca llum entra encara a ferir-los'". Y una de mis alumnas mostró su preocupación ante estas palabras al adivinar en ellas redobles machistas. "¿Por qué?", le pregunté. Ella vino a decir que el hombre, los hombres, se han levantado para ir al trabajo mientras ella, ellas, se ocuparán plácidamente de las tareas domésticas.

Le señalé que, a mi parecer, la intención del poeta era apuntar esta soledad acompañada a esta hora maga que precede al día, y que este instante único bien podría ser sentido y descrito por una mujer en caso de que hubiese sido ella la primera en levantarse -cosa muy factible en el caso de Ferrater, a quien gustaba apurar las últimas copas de la madrugada. La cosa acabó en tablas. Luego, a la hora de decidir con el alumnado si haríamos huelga, otra muchacha me indicó que podía abstenerme, ya que paro y manifestaciones debían ser secundadas únicamente por señoras, para visibilizar así su protagonismo.

Ante mi estupefacción por ser considerado el bando enemigo de una guerra que no deseo, decidí llamar a mi amiga y colega de EL PERIÓDICO Emma Riverola, nada tibia en terrenos de determinación feminista. Le expliqué, entre preocupación y broma, mi caso, y ella, como Doña Elena Francis en su consultorio, respondió: "Mi querido amigo: ¿recuerdas que hace algún tiempo citaste en un artículo tuyo un proverbio que me encantó, 'Votad muy rojo, que luego ya desteñirá'. Pues mira: más de lo mismo". Gracias, Emma. Quiero felicitar al también amigo y colega Josep Maria Fonalleras por apuntar en su columna el trotskista concepto de “revolución permanente” como libro de estilo para mejorar día a día y detalle a detalle nuestra futura relación con las personas del otro sexo (así como, naturalmente, con las del nuestro).

La vergonzante brecha salarial

No: la gran guerra, la más antigua y cruenta no fue ni es entre blancos y negros, ni ricos y pobres, ni judíos y musulmanes, sino entre hombre y mujer. ¿Cómo puede imaginarse que en la, según proclaman, tan democrática España, la brecha salarial entre sueldos femeninos y masculinos desborde el vergonzante diferencial del 23%? ¿No habría que sacar urgentemente a la luz a las empresas privadas e instituciones públicas que practican con toda naturalidad este 'apartheid'?

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Sí, decidí renunciar a un día de sueldo -asqueado de localismos- por su carácter universal, para ocupar la plaza vacante de Inés Arrimadas, y, sobre todo, para ponerme en la piel de tantísimas mujeres (y hombres) que, siendo las más necesitadas, no habrán podido participar en la huelga porque sus disminuidos ingresos y sus delicadísimos contratos en precario no lo aconsejan en absoluto. 

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