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Alerta en la UE

Lecciones europeas de los comicios italianos

Eliseo Oliveras

La política oficial europea de recortes y precariedad lleva a Italia a votar a partidos euroescépticos

El Banco Mundial avisa de que la desigualdad sigue creciendo en la UE pese a la recuperación económica

Las elecciones italianas del 4 de marzo son un nuevo y contundente aviso a la Unión Europea (UE) del profundo malestar de los ciudadanos a causa de la política socioeconómica oficial y la forma de hacer política por parte de los partidos gobernantes, conservadores, liberales o socialdemócratas. El voto de protesta contra los partidos tradicionales en Italia sigue la senda de los comicios celebrados a lo largo del 2017 (regionales eslovacas, República Checa, Austria, Alemania, Francia y Holanda), pero alcanza unos niveles récord y adquiere una máxima relevancia al tratarse de la tercera economía de la eurozona.

Los partidos anti-establishment y euroescépticos Movimiento 5 Estrellas, La Liga y Hermanos de Italia suman el 54,4% del voto. El descrédito de los partidos es ya un rasgo generalizado en la UE: sólo el 18% de los europeos confía en ellos, según el último Eurobarómetro. La confianza en los partidos en España es de las más bajas (8%) y en la mayoría de los países no llega al 20%

El voto ha hundido la gran coalición a la que aspiraba la Comisión Europea con los conservadores de Forza Italia de Silvio Berlusconi y los socialdemócratas del Partido Democrático de Matteo Renzi. El marcado euroescepticismo del voto italiano aleja la gran reforma de la UE que promueve el presidente francés, Emmanuel Macron, que sólo cuenta con un limitado apoyo alemán y choca con la oposición del Grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) y del Grupo del Norte (Dinamarca, Estonia, Finlandia, Letonia, Lituania, Holanda y Suecia). Desde el entorno de Macron se insiste en que el voto muestra la urgencia de transformar la UE en una "Europa que proteja".

Los comicios confirman el declive de los socialdemócratas desde que aplican la misma política económica que la derecha. Sólo donde se atreven a adoptar una política más social, como en Portugal, tienen mejores expectativas electorales.

Hartazgo ciudadano

El mayoritario voto anti-establisment en Italia, pese a la poca concreción de los programas de esos partidos, indica el hartazgo ciudadano de una clase política que lleva años haciendo oídos sordos a sus quejas por la creciente desigualdad social, precariedad laboral y empobrecimiento de la población. El retroceso social y el empeoramiento de las expectativas socioeconómicas en Italia y en otros países de la UE es fruto de la política oficial europea de las últimas décadas (rebajas fiscales a las grandes empresas y las personas con más ingresos, globalización descontrolada, desregulación económica y financiera, privatización de servicios y recorte del gasto público y los derechos laborales). En Italia, se añaden la corrupción y las conexiones de la clase política con el crimen organizado, algo sobre lo que la Comisión Europea siempre ha cerrado los ojos.

Italia, Grecia, Chipre y España son los países de la UE que han sufrido un mayor retroceso socioeconómico durante la crisis. El PIB per cápita italiano ha pasado de representar el 109% de la media europea en el 2005 a caer por debajo, situándose en el 97% en el 2016. Francia, Holanda, Bélgica, Finlandia y Eslovenia también han sufrido un retroceso en su PIB per cápita respecto a la media de la UE, pero no tan pronunciado.

El aumento de la desigualdad es un problema generalizado en la UE, ha advertido esta semana el Banco Mundial. En su informe Creciendo Unidos, destaca que el 1% más rico posee más del 20% de la riqueza en la mayoría de países, que la desigualdad crece desde los 90 y que la recuperación tras la crisis, lejos reducirla, la está agravando aún más, lo que tendrá un impacto negativo en el crecimiento económico a largo plazo.

Desencanto hacia la UE

Que la mayoría de los italianos, antes entusiastas europeístas, hayan votado por partidos tan euroescépticos muestra el desencanto hacia la UE. Al impacto negativo de la política socioeconómica, se ha sumado el sentirse abandonados por sus socios ante la ola migratoria (más de 600.000 llegadas desde el 2014).

La lucha contra la inmigración irregular es una de los pocos temas en los que existe consenso entre los Veintisiete. Pero la política que están diseñando sigue careciendo de una adecuada solidaridad entre los países de la UE y no contempla un aumento sustancial de las partidas destinadas a la integración de los inmigrantes que ya están en Europa, ni para las partidas sociales (educación, sanidad, vivienda y protección social) para evitar que los ciudadanos europeos tengan la impresión de competir con los inmigrantes por unos servicios públicos degradados.

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