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ANÁLISIS

Iniesta celebra el gol de Messi en Stamford Bridge.

El vino de Iniesta sí tiene color

Iosu de la Torre

Corren aires de melancolía por 'can Barça' al ver cerrada la taquilla de Iniesta. El número ocho pintado, blanco sobre rojo, en el cubo donde se deposita el uniforme en día de partido, preside el vestuario en estas semanas de baja por lesión.

Solo los pases de baile de Yerri Mina pueden mitigar la tristeza porque no llega el  de Albacete, símbolo del mejor Barcelona, con el permiso de 'sheriff' máximo, el dios Messi. La ausencia en estas vísperas de tambores de guerra ante la visita del Chelsea alimenta esos aires de melancolía que quizá, algún día no muy lejano, adquieran cuerpo de ciclón si es que Iniesta acaba yéndose a la Superliga china.

Tiene 35 años y son 35 los millones que, dicen los especuladores de invierno, le ofrece el Tianjin Quanjian. Cuando llegó la noticia no acabé de dar crédito afectado, probablemente, por el imperio de las 'fake news'. ¿Qué hace Iniesta en China si lo ha ganado todo?

La noticia comenzó a adquirir cierta veracidad con la entrevista que le hicieron al padre del futbolista en el 'Sport' –«Si Andrés fuera China no pasaría nada porque su corazón seguirá siendo azulgrana»– y después, alejados de cámaras y micrófonos, con la afirmación de un  directivo melancólico. El club empezaba a asumir que el capitán acabaría viajando al sur de Pekín y que, por tanto, debería pensarse en despedirlo como se merece el deportista que lo ha dado todo por el Barça.

«El único jugador del equipo que es ovacionado cuando sale en cualquier estadio de España» en estos tiempos de 155 y lazos amarillos por los presos políticos, advirtió el ejecutivo que pedía un sonoro homenaje antes de volar a Tianjin.

La claúsula vinícola

Con la China hemos topado, amigo Bartu. Quieren a Iniesta y hasta se han inventado la claúsula vinícola porque, al parecer, los propietarios del club añadirán a la nómina de los 35 milones la adjudicación de dos millones de botellas de la bodega que posee el futbolista allá tierras de la Mancha.

Los supermillonarios chinos llevan mucho tiempo comprándolo todo presididos por el busto de Mao Zedong y el rostro encorbatado del sucesor Xi Jinping. Disfrutan del lujo y de los mejores manjares de la gastronomía mundial. Compran castillos en los 'terroirs' de Burdeos y arrasan en las dehesas de Salamanca en busca de los mejores cerdos. 

Se ha disparado una alarma en España porque dentro de nada se agotarán las existencias del jamón ibérico de bellota. Que se lo llevan a golpe de talón. Futbolistas, vinos y perniles. El vino de Iniesta sí tiene color (el del dinero). El 'capi' servirá su mejor caviar en los estadios de aquella Superliga.

Oh, melancolía. 
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