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TRIBUNA

Carteles de las entidades independentistas por la democracia, en una imagen del pasado septiembre.

RICARD CUGAT

Del independentismo al republicanismo

Jordi Cuixart Marcel Mauri

De nada servirá recuperar una Generalitat que seguirá tutelada sin una estrategia ampliamente compartida

"La libertad se aprende ejerciéndola". Lo decía Clara Campoamor, una de tantas que a lo largo de la historia reciente ha sufrido exilio y represión por sus ideas. Y a pesar de todo persistimos, 42 años después de la muerte del dictador, contra una ola de vulneración de derechos inédita en democracia de un Estado demofóbico que secuestra novelas, censura arte o aprisiona cantantes y disidencia política.

Y enfrente, una ciudadanía que nunca se resigna. Que defendió su derecho a voto el 1 de octubre; que se moviliza contra la injusticia que nos priva de tantas libertades, y que volvió a apostar por soberanía y República en unas elecciones impuestas que supusieron la derrota de los arquitectos del 155.

Han pasado casi tres meses y hemos asistido pacientes (por la represión constante) pero asombrados a un triste espectáculo de los partidos que, lejos de plantear un debate honesto y generoso que confrontara ideas sobre los retos urgentes y de futuro, han malgastado tiempo y energías en batallas tácticas. Todos claman que hay que ser más y, lejos de eso, con estas dinámicas nos empequeñecemos.

En este contexto irrespirable de represión que no se detendrá, recuperar las instituciones es urgente. Como lo es denunciar constantemente, desde aquí y desde el exilio, el comportamiento del Estado para evitar normalizar esta situación e internacionalizar el conflicto democrático.

Hablar claro

Pero de nada nos servirá recuperar una Generalitat que seguirá tutelada si no disponemos de una estrategia ampliamente compartida que sepa sumar el máximo de agentes políticos, cívicos, sociales y económicos. Hay, sin más dilaciones, que hablar claro a una ciudadanía que ha dado sobradas muestras de madurez para poner en común qué ha pasado, dónde estamos y hacia dónde queremos ir juntos. Y esto exige una imprescindible confrontación de ideas que, partiendo de los logros alcanzados y los retos pendientes y con un análisis crítico de la realidad, permita fijar objetivos para avanzar con amplias mayorías.

Ante la irrupción con fuerza de partidos que con discurso lerrouxista abonan la fractura social y, sobre todo, ante el recorte de derechos, es necesario que volvamos a situar en el centro del debate público los grandes consensos de país que con tantas luchas compartidas hemos construido a lo largo de los años. Hay que seguir trabajando más que nunca para ser un solo pueblo desde los valores republicanos.

Tengamos memoria y no renunciemos a nada, porque el 1 de octubre confluyeron una red invisible de complicidades y nuevas alianzas que deben ser la base de futuro de un país que no se podrá construir solo desde unas instituciones que han estar gobernadas desde la máxima ambición pero que seguirán intervenidas.

Punto de encuentro

Esto debe ser el republicanismo como movimiento transversal del catalanismo, punto de encuentro de todos los demócratas, que nos permita fortalecer el sentimiento de pertenencia colectiva. Republicanismo como antídoto a los que nos querrían divididos y que debe permitir hacer un país donde la cultura, el modelo de escuela, la cohesión social, la protección de los derechos civiles y la libertad política sean piedras angulares. No hemos podido hacer posible la República, por la represión y porque tenemos que ser más; pero desde el republicanismo pongamos los cimientos.

Es momento de abrir esta nueva etapa del catalanismo. Y desde Òmnium, y con la fuerza de una entidad de 100.000 socios, vamos a estar ahí, a hacer de punto de encuentro para seguir trabajando con el ánimo de escuchar, compartir y hacer crecer la mayoría a favor de la República. Y abrir grietas de luz en esta prisión, que el logro de un país culto, justo y libre no puede esperar.