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Al cierre

El Manchester City, gran favorito en las apuestas, carece de la experiencia que el Real Madrid y la Juventus hicieron pesar en sus cruces de octavos

La semana nos dejó dos pruebas más que vienen a confirmar que cuestiones como el bagaje europeo, el dominio de la escena o el conocimiento del medio no son frases hechas ni palabras vacías. Aunque resulte difícil de explicar, tienen un peso determinante en la Champions League. Tanto en el PSG-Real Madrid como en el Tottenham-Juventus acabó perdiendo el equipo por el que habríamos apostado si solo nos hubiésemos fijado en su comportamiento a lo largo de la presente temporada, prescindiendo de su historia en la competición.

Fueron dos cruces diferentes, es verdad: si el triunfo de los blancos fue incontestable y no tuvo ni siquiera un ápice de incertidumbre, el de los turineses se apoyó en la épica y sería legítimo plantearse si el resultado fue justo y si ganó el que más lo mereció. En cualquier caso, pasaron los dos finalistas del año pasado. Y lo hicieron sacando lo mejor de sí mismos cuando asomaba la amenaza del fracaso, como si el vértigo atenazara sólo a sus adversarios y ellos disfrutaran haciendo equilibrios sobre el alambre.

De ahí que, 15 años después de que la compra del Chelsea por parte de Roman Abramovich inaugurara la era de las inversiones extranjeras salvajes en los clubes de fútbol, sólo un "nuevo rico" ha ganado la Champions League desde entonces. Fue el propio Chelsea, y lo consiguió casi de casualidad, con unas dosis de fortuna en momentos decisivos difícilmente repetibles (lo consiguió, de hecho, el año que menos parecía poder conseguirlo).

El techo histórico

El PSG y el Manchester City llevan ya varios intentos sin éxito pese a haber agitado el mercado de fichajes con compras inimaginables antes de la llegada de magnates, jeques y oligarcas. A estas alturas, no resultaría extraño que los dirigentes parisinos se estén preguntando cuánto cuesta el bagaje.

Y es por esta misma razón que no puedo compartir la condición de favorito número uno que las casas de apuestas otorgan al Manchester City en la presente edición de la máxima competición continental. La entiendo, ojo: es el equipo que mejor está jugando esta temporada y el que mejores números presenta. De nuevo, si el análisis prescindiera del bagaje, no habría duda de que es el máximo candidato. Pero no tenemos certeza alguna sobre cómo van a reaccionar sus futbolistas cuando se enfrenten a los minutos decisivos de una eliminatoria igualada de alta tensión, justo cuando tengan a la vuelta de la esquina la posibilidad de superar el techo histórico del club en el torneo de clubs más prestigioso del mundo.

En el teórico once titular de Guardiola nadie ha jugado antes una final de Champions (Gündogan perdió una con el Dortmund, pero no forma parte de la alineación más usada por el técnico catalán). Agüero Silva han jugado finales importantes con sus selecciones, pero sólo el español las ha ganado. Es muy poca experiencia acumulada si la comparamos con las de las plantillas del Real Madrid, el Barcelona, el Bayern o la Juventus.

El bagaje no incide como una ciencia exacta, pero tampoco es un detalle menor.

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