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mandatario machista

Donald Trump.

AP / EVAN VUCCI

Trump, el comandante en jefe de la movilización

Rosa Massagué

El presidente de Estados Unidos se ha distinguido por sus comentarios insultantes, ofensivos y vulgares contra las mujeres

"Cuando eres una estrella, [las mujeres] te dejan hacerles cualquier cosa. Agarrarlas por el chocho. Lo que sea". Dicho por Donald Trump. Así empieza este artículo y así podría acabar porque bien poco hay que añadir a tan insultante y ofensiva vulgaridad. Son palabras que hablan por sí solas, las pronuncie el presidente de EEUU o el tendero de la esquina. Agotan todo los calificativos. Pero, habiendo salido de la boca del hombre que ocupa indignamente la Casa Blanca, permiten explicar las políticas que se agazapan en comentarios como el citado y en tantos otros pronunciados en la misma línea.

No se trata solo, por ejemplo, de que el 80% de cargos nombrados por Trump para su Administración sean hombres, comparado con el 60% de su antecesor, o que el 95% de los nuevos fiscales federales escogidos por el presidente también lo sean. Estos porcentajes son vergonzosos, como también lo es la sistemática laminación de medidas existentes para proteger las condiciones de trabajo de las mujeres.

Algunos ejemplos. Trump se ha cargado un decreto que beneficiaba a más de tres millones de mujeres por el que tenían derecho a cobrar horas extras. También ha eliminado varias medidas introducidas por Barack Obama en defensa de las mujeres en la administración pública.

Una de las medidas eliminada es la que obligaba a la transparencia salarial para evitar discriminaciones. Las empresas que tienen contratos con la Administración debían facilitar todos los detalles, en particular el de las horas trabajadas y el precio de la hora, ya que son más las mujeres que cobran por horas. La falta de transparencia en esta cuestión es terreno abonada para la existencia de desigualdades salariales.

Voto femenino

Obama había prohibido las llamadas ‘cláusulas tapadera’ por las que cualquier disputa sobre discriminación sexual en la administración pública se resolvía obligatoriamente mediante un arbitraje evitando así que el caso llegara a los tribunales de justicia y que el nombre de la empresa se viera afectado. Muchas veces estos arbitrajes servían para mantener lejos de la luz pública casos de acoso sexual. Ahora, con Trump han vuelto las ‘cláusulas tapadera’.

En las elecciones que llevaron al presidente a la Casa Blanca, le votó el 41% de mujeres, incluyendo el 52% de mujeres blancas. Y de estas, el 61% tenían un nivel de formación básico. No se puede decir que no supieran que estaban dando su voto a un machista de la peor especie, pero la vida es muy complicada. Unos de los sectores de población que aupó a Trump fue precisamente el de los blancos en zonas económicamente deprimidas con un elevado paro masculino. Según los expertos, votándole muchas mujeres defendían no tanto sus intereses como los de sus maridos. Este año hay elecciones de mitad de mandato y muchas voces apuntan a que serán las mujeres las que le castigarán. Mal que le pese, su actitud ha servido para movilizar ya desde el día 1 de su mandato a miles de mujeres. Es una movilización que ha crecido como bola de nieve hasta el #metoo y ha traspasado fronteras.