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LA LUCHA CONTRA LOS NARCOPISOS

La tormenta perfecta en el Raval

Eva Arderius

El barrio no necesita grandes proyectos, pero sí pisos nuevos y más mantenimiento de los viejos, que no se vayan familias sino que se instalen más

Y de nuevo, el foco en el Raval. Ahora por los narcopisos. Cada alcalde ha tenido su Raval. A Pasqual Maragall y a Joan Clos les sumó mejorar el barrio urbanísticamente aunque fueron acusados de especuladores. Jordi Hereu se despertó un día con unas fotos de prostitución en plena Boqueria y tuvo que pasearse por un Raval inundado de pancartas de "Volem un barri digne". También Xavier Trias tuvo que afrontar el sexo más descarnado en la calle y las protestas de las trabajadoras sexuales. Ahora le toca a Ada Colau, con una combinación peligrosa: droga y vivienda. Dos problemas que en el Raval se amplifican y explotan con más furia que en el resto de la ciudad. 

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El conflicto de los narcopisos empezó como un problema vecinal pero cuando no actúas a tiempo, la bola se hace grande. Aquellas caceroladas de protesta que no se escuchaban más allá de Ciutat Vella y que quedaron en un segundo plano por el atentado de agosto y por el contexto político, ahora sí que se oyen con fuerza en la plaza de Sant Jaume. Las caceroladas han entrado en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona y la oposición no ha dudado en sumarse al repique aumentando el dolor de cabeza de la alcaldesa. Colau va tarde y tiene difícil encontrar respuestas convincentes a estas preguntas. ¿Cómo puede ser que haya pisos vacíos en el Raval y que se utilicen para vender y consumir droga? ¿Y cómo puede ser que esto pase en propiedades del Ayuntamiento? ¿Por qué ante el déficit tan importante de vivienda pública hay edificios enteros cerrados? ¿Cómo puede ser que haya pisos sociales a punto de estrenar y acaben ocupados porque no se han entregado a los inquilinos? Si el Gobierno municipal se ha esforzado pera evitar todo esto, el trabajo no ha sido ni suficiente, ni acertado.  

La zona ha cambiado ha cambiado mucho en 30 años, pero hay cosas que persisten: la droga, la miseria y la presión inmobiliaria y turística

La vivienda, el problema

Los que conocen profundamente el Raval, como la entidad Casal dels Infans o los vecinos de la Illa Robador, dicen que los narcopisos son una derivada de un gran problema: la vivienda. El barrio ha cambiado mucho en 30 años, pero hay cosas que persisten. La droga, la miseria y la presión constante de los que piensan que los pobres no pueden vivir en el centro de Barcelona y sueñan en hacer del Raval una orgía inmobiliaria y turística.

Durante los años olímpicos, se optó por construir grandes equipamientos de ciudad como facultades universitarias y museos. También se construyó una Rambla para esponjar y reducir los rincones que podían favorecer la delincuencia y el incivismo. Todo esto ayudó al barrio pero también fue la semilla de la especulación que tenemos ahora.

La solución

Aquellas fueron las últimas grandes inversiones que se hicieron en el Raval. Ahora quizá ya no se necesitan grandes proyectos, pero sí pisos nuevos y más mantenimiento de los viejos. Hay edificios insalubres y hace unas semanas se derrumbó una finca vacía. Ya había quejas por su mal estado. Los vecinos tienen clara la solución: que las familias no solo no se vayan, sino que vengan al barrio. Más familias quiere decir más vida y esto se traduce en menos droga y menos degradación. La ecuación parece fácil, la solución no lo debe ser tanto. Nunca lo ha sido, aunque el Raval siempre ha salido adelante, especialmente por la cabezonería de los que viven allí. Esta vez seguro que volverá hacerlo, pero veremos a quién se acaba llevando por delante. Colau se puede estar jugando la alcaldía.

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