04 ago 2020

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Dos miradas

Usamos el concepto de 'odio' con una frivolidad pasmosa... Hay hechos y discursos que deben rebatirse con el intelecto y no con las rejas de una prisión

Jordi Galves es una persona inteligente y con un entusiasmo por las cosas que o bien te contagia el fervor, o bien te desmonta. Es experto en literatura catalana (sobre todo la medieval, pero también la contemporánea), crítico literario y columnista de opinión. Ha escrito muchas piezas - artículos, libros - en los que trata de expresar su ideal artístico y al mismo tiempo lo compara con la realidad que tiene delante. De esta confrontación han salido textos que alaban o reprueban una novela, un libro de poemas. A veces he estado de acuerdo y en ocasiones he polemizado con él justamente porque no me parece que tenga razón.

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Ahora, esta semana, ha de comparecer ante un tribunal por un presunto delito de odio a raíz de un artículo que escribió sobre Cornellà. No puedo decir si tiene razón o no cuando escribe que "Cornellà forma parte de una tierra fuertemente castellanizada" o si es fiel a la verdad cuando afirma que "he conocido un encendido desprecio por Catalunya". Él es de Gavà y ha vivido muchos años allí. Debe tener sus razones para decir lo que dice, y es seguro que muchos lo pueden rebatir con otras percepciones. Aquí no discutimos eso sino el odio de que se le acusa. No veo odio, francamente. Usamos el concepto con una frivolidad pasmosa. Veo un discurso encendido, pero que no incita a nada sino que, a su manera, constata unos hechos que han de poder rebatirse con el intelecto y no con las rejas de una prisión.