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OPINIÓN

André Gomes disputa un balón ante Gameiro.

AFP / LLUIS GENE

El mantra del día que falte Messi

Albert Guasch

Es un mantra que aparece puntual durante cada partido del Barça. "Ay, el día que falte Messi". Y dependiendo de la vehemencia de cada uno, se acompaña de una coletilla más o menos apocalíptica. Seremos una banda. No habrá quien vaya al estadio. O, directamente, habrá que vender el estadio.

Messi avasalla con una regularidad que empequeñece a todo lo demás. Eleva al fútbol y desmejora a los buenos. En partido corriente o en partidazo. Ante el Atlético volvió a hacer de sí mismo. Es, pues, un mantra demasiado tentador, aunque sepamos que todo pasa, todo cambia y a todos nos acostumbramos. Un día incluso a la ausencia de Messi, confiamos en que lejana.

Es este mantra un recurso que de alguna forma pretende cubrir el agotamiento de los elogios. Una vez está todo dicho, habiendo recurrido a todos los parabienes posibles, es como si ya solo nos faltara ponernos en lo peor.

Parar las balas con el pecho

El Atlético se presentó al Camp Nou como lo que es, un equipo fornido y formidable, dispuesto "a parar las balas con el pecho y atacar", como dijo con robusta metáfora el Mono Burgos, ayudante de Simeone, antes del pitido inicial. Lo que ocurre es que ante Messi no existe el chaleco suficientemente blindado. Es capaz de convertir una construcción de acero y hormigón en un amasijo de ladrillos quebrados y chatarra que traquetea ante el furibundo paso del argentino. 

Su gol de falta encarrila un campeonato que tras los últimos empates y el juego insulso ya no se daba tan por descontado. Ya se sabe que el pesimismo y la ciclotimia forman parte inherente del carácter del Camp Nou. Nunca hay ventaja suficiente. Y de la misma forma que gusta de aupar a un héroe, parece necesitar también a un villano propio al que maldecir. André Gomes destaca en este sentido. El portugués, señalado com el antagonista de Messi

André Gomes sustituyó a Andrés Iniesta, posiblemente el mejor del partido hasta ese momento. Demasiado contraste. Y una acción suya atribulada en el centro del campo exasperó a la grada en un pasaje de partido tenso. Se oyó ese estruendoso murmullo tan característico del Estadi. También pitos. Y el flemático Ernesto Valverde se enfadó visiblemente.

El portugués se erigió, pues, en parte de la conversación tras el encuentro. Como Messi, pero al revés. Le toca endurecerse y soltarse de una vez. Oportunidades no le faltan.  Corre prisa que empiece a aprovecharlas.