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NÓMADAS Y VIAJANTES

La Piazza del Popolo, de Roma, llena a rebosar en el último acto electoral del M5S, el viernes 2 de marzo.

Partida de póquer a la italiana

Ramón Lobo

La frase "Italia es un caos que funciona" pasará por una nueva prueba tras las elecciones de este domingo, cuando llegue la tarea de formar Gobierno. Donde todos veremos un Parlamento dividido entre partidos y personalidades incompatibles que pone en riesgo la estabilidad del euro y todo lo que usted quiera añadir al cuento catastrofista, los políticos italianos verán una partida de póquer que acabará con algún tipo de acuerdo.

Las encuestas, ese instrumento demoscópico que por razones diversas no da una últimamente, predicen una victoria del Movimento 5 Estrellas (M5S) -entre el 25,3% y 28,6% de los votos-, al que seguimos colgando la etiqueta de populista pese a su giro político y el cambio de líder, de Beppe Grillo a Luigi Di Maio, que viste corbata y no quiere salir de la Unión Monetaria. Que gane el M5S, como sucedió en el 2013, no garantiza que pueda gobernar. Necesitará un socio.

Se podría afirmar que el único candidato para ese pacto es el Partido Democrático (PD) -entre el 21,5% y 24,5%, según los sondeos-, con Matteo Renzi al frente que, tras un tiempo en el banquillo (de los suplentes), vuelve al equipo titular. Lo llamaríamos de centro izquierda si estuviésemos seguros de que uno y otro lo son.

Artefacto transversal

Lo que nació como un movimiento antisistema y anticorrupción, con el lema "todos a casa", se ha  transformado en un artefacto político de enorme transversalidad. A veces parece de izquierda; otras, de derecha. El M5S sigue recogiendo el voto de la Italia cabreada, defiende restricciones en la inmigración y ha limado su euroescepticismo.

El PD consideró un fracaso el 25% logrado en 2013, que provocó la dimisión de su líder, Pier Luigi Berzani. Al final, por aquello del milagro italiano, el PD logró formar Gobierno con el apoyo de la derecha. Ahora, esa cifra parece Eldorado; todas las encuestas lo sitúan por debajo. Es cierto que ha sufrido escisiones por la izquierda. La de Liberi e Uguali (Libres e Iguales) -entre el 4,5 y el 6,5%-, es la más importante. La nueva ley electoral, llamada Rosatellum por los expertos, es una ley anti M5S, ya que obliga a buscar coaliciones para formar Gobierno. Se supone que nadie querrá pactar con Di Maio. Para el PD es un riesgo; teme quedar aplastado como le pasó al PASOK con Syriza en Grecia.

En la derecha las cosas están más claras. Gane quien gane en votos, el Gobierno estará en manos de una coalición de centro derecha. En ese bloque la batalla se libra entre Forza Italia –del 15,2 al 18,3%- y una Liga (antes Liga Norte) -entre el 10,8 y 14,5%- cada vez más xenófoba. Aunque Silvio Berlusconi no puede presentarse (está inhabilitado) volverá a ser la clave. Antonio Tajani, aún presidente del EuroParlamento, ha aceptado ser su candidato a primer ministro.

Resulta curioso que después de todo lo que hemos dicho sobre Berlusconi reaparezca como el gran salvador. Puede suceder cualquier cosa, hasta que mantenga el apoyo al PD.

La inmigración

La inmigración ha sido el asunto clave sobre el que ha pivotado toda la campaña. Desde 2014, Italia ha recibido más de 600.000 extranjeros. Junto a Grecia es uno de los puntos de entrada a Europa sin que los demás países de la Unión Europea (UE) hagan mucho por aliviar la situación. Esto ha impulsado a la extrema derecha fascista.

Como decía al principio, las elecciones sirven para saber las cartas de cada uno. El arte consiste en jugarlas. Nadie quiere quedarse fuera del reparto y si el partido fuera orillado siempre existen vías y escisiones para no alejarse de la caja. Este conocimiento de los pliegues del poder y de las debilidades humanas es muy vaticano. No está claro quién influyó más a quién, si la Iglesia a la política italiana o la política italiana a la Iglesia. Funcionan como almas gemelas.

En un Legislativo compuesto por 630 diputados y 310 senadores se han producido 546 cambios de grupo en la legislatura que acaba de terminar, y que ha durado cinco años. Representan el 36% del total. Algunos electos han cambiado varias veces porque los tránsfugas solo han sido 345, una media de 10 al mes. Un tipo cambió hasta nueve veces de grupo. Tiene el récord.

El periodista Íñigo Domínguez, gran conocedor de Italia y autor de 'Crónicas de la Mafia' (Libros del KO), cita siempre a Ennio Flaiano. El que fuera guionista de Federico Fellini tiene dos citas sublimes que explican el escenario en el que entramos: "Para los italianos, el infierno es un lugar lleno de mujeres desnudas en el que se puede negociar con el demonio". La otra, no menos genial, dice: "Si en Italia no hay una revolución es porque nos conocemos todos".

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