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Al contado

Concentración de pensionistas frente al Ministerio de Hacienda, Madrid.

DAVID CASTRO

Las pensiones son un derecho

Agustí Sala

Por una vez, los partidos deben aparcar los instintos 'hooligan', hablar y pactar porque es la única vía de aplacar el descontento y enfilar el camino de las soluciones

Las pensiones son un derecho. Y, en general, adquirido a lo largo de muchos años de trabajo.  En concreto, hasta el 2013, tras 35 años para obtenerlas completas; y a partir de ese ejercicio, con una demora gradual hasta llegar a 38 años y seis meses en el 2027 para jubilarse a los 65 años y a los 67 para poder hacerlo con menos ejercicios cotizados.

En ese proceso paulatino aprobado bajo el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, en la actualidad se requieren ya 36 años y seis meses para retirarse a los 65 o tener 65 años y medio si no se llega a ese periodo de cotización. Es como correr hacia una meta que se aleja en vez de acercarse.

Hay que recordarlo, aunque sea una obviedad porque algunos parecen haberlo olvidado. La mayoría de estas prestaciones no son dádivas generosas. Son el fruto de años de meter en la caja de la Seguridad Social parte del salario de la etapa en activo para financiar las pensiones de los pasivos. Y bajo unas reglas que, luego, los gobiernos cambian sin consenso pese al pacto de Toledo (¡pobre pacto!). Lo hizo el PSOE y luego el PP, con la reforma del 2013 que ha sacado a los pensionistas a las calles de toda España contra el nimio aumento del 0,25%.

Y es que las pensiones pierden poder adquisitivo. Además, casi el 20% de los jubilados están en la franja de los 650 euros mensuales. Y son muchas más las mujeres en ese tramo, lo que constituye otro indicador de la brecha de género en los salarios y, por tanto, en las cotizaciones. Y una señal de que cuanto menores son los sueldos, menor es la contribución para la pensión. Tomen nota señorías.     

Más de la mitad de quienes protestan integran el caladero de votos del PP. Por eso estas protestas han pillado descolocado al Gobierno de Mariano Rajoy, que se ha visto empujado a convocar un pleno monográfico en el Congreso y a improvisar ocurrencias fiscales como el 'cheque-pensionista'  a modo de "lo que te quito por un lado te lo devuelvo por el otro". De parche en parche.

Y la oposición ha entrado en una histérica suerte de puja electoral por atraer agraviados, no por proteger un derecho. Legítimo, pero poco útil. Las pensiones son un derecho que hay que garantizar y además actualizar para que no pierdan poder de compra. Pero también lo son las futuras, las de quienes hoy entran en un mercado laboral con salarios menguantes. Usarlas como arma arrojadiza es infructuoso. Por una vez, los partidos deberían aparcar los instintos 'hooligan', hablar y pactar (lo que se espera de ellos) ya que es la única vía productiva para calmar el descontento y enfilar el camino de las soluciones (para lo que se les paga).