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José Díaz: "La inmovilidad me aporta más que el viaje"

Gente corriente

José Díaz: "La inmovilidad me aporta más que el viaje"

A mediados del siglo XIX, David Henry Thoreau, entre otras cosas teórico de la desobediencia civil que inspiró a Gandhi, se aisló durante dos años, dos meses y dos días en una barraca construida por él mismo cerca del lago Walden, en Massachusetts. Como él, José Díaz (Oviedo, 1966) ha pasado 100 días en una cabaña en los montes de Redes (Asturias), sin ver a nadie, sin electricidad, ni móvil, ni reloj. Solo con su caballo, Atila, y unas pocas gallinas y ovejas. Thoreau vertió su comunión con la naturaleza en un libro, 'Walden'. Díaz, en el documental '100 días de soledad' (se estrenará el 16 de marzo). A ambos se les murió un hermano. Los dos buscaban lo esencial.

  

¿Qué descubrió en su retiro? Siempre había sostenido que se podía vivir con menos y lo pude comprobar. Hay como bajar el ritmo para ser consciente de lo importante que es la vida en sí.

¿Qué es lo imprescindible? La familia [está casado y tiene tres hijos, el menor juega en el segundo equipo del Spórting], los amigos y poco más. En el monte tenía un tenedor, una cuchara, un cuchillo, dos vasos, cinco platos, un camastro, una silla.

Eligió 100 días desapacibles para llegar a esa conclusión. Los 100 días en los que más se notan los cambios del tiempo en Asturias van de finales de verano a principios de invierno.

El lago estaba helado. El agua no estaba más fría que la de la ducha diaria, procedente de un manantial cercano, que está entre 3 y 5 grados.

Y le envolvió la niebla como una mortaja. Estuve dos horas echado en una roca, pero podía haber estado el día entero. Escuchas el viento, los pasos de algún animal, el goteo de las hojas por el roce de la bruma...

A algunos les resultaría inquietante. Podría ir por ese monte con una venda en los ojos. 

José Díaz sube al monte con su caballo, Atila. / wanda

"Lloré, dudé, sudé, renegué...", confiesa en el documental. ¿De qué dudó? De mi capacidad para filmar la experiencia. Había hecho libros de fotografía de naturaleza, pero esto era otra cosa. Llevaba un dron y cinco cámaras. Al final llegaron a resultar extensiones de mí.

Pesadas, por otra parte. ¿Estaba en forma? Procuro hacer una hora y media de deporte al día. Corro, hago bicicleta y nado. Vivo en Muros de Nalón y entro en la mar casi todos los días. Los mejores momentos están al lado de los peores. Después de casi morir de frío en el agua, solo en la playa, llego a casa con la sensación de haber cumplido, me hace ver que el ritmo de la vida lo marco yo.

La cabaña, de noche, a la luz del fuego de leña. / wanda

En algún momento se sintió mal. Después de cuatro o cinco días comiendo mal fuera de la cabaña, me preparé un homenaje y, según estaba comiendo, vi que lo iba a pagar. Y lo pagué vomitando y acordándome de la película 'Into the wild' ('Hacia rutas salvajes'), muriéndome en la cabaña de una indigestión. Luego tuve momentos de mucho, mucho frío, con las manos cuarteadas, en los que casi no podía respirar y los pies casi se congelan. Pero son dolores asociados a situaciones que controlas y se olvidan totalmente.

¿Cuántos de esos 100 días quiso estar en una tumbona en el Caribe? Ni uno solo. Ni esos 100 ni en 1.500. De joven la vida me permitió viajar bastante, por Sudamérica, EEUU, África, pero me di cuenta de que la inmovilidad me da mucho más de lo que me daba los viajes. Tengo mucho interés en otras culturas, pero el conocimiento lo puedo hacer desde casa. A través de la lectura y documentales. Tengo familia en Japón, en EEUU, en Francia, en África, pero Asturias me llena tanto tanto que no tengo la mínima intención de viajar.

¿Es raigambre o preocupación por la huella de carbono? Por todo. Soy de los que piensan que esto se nos escapa de las manos. Procuro no comer fruta que viaje horas en avión ni recibir paquetes de Amazon que venga de sabe dios dónde. Hay que simplificar. Ir a la economía cercana.   

¿A qué huele el bosque? A almizcle. En la ciudad tenemos los sentidos adormecidos, pero en el bosque se agudizan. Hueles perfectamente los marcajes en las ramas y el suelo de los lobos, los ciervos, los corzos, los jabalís. Yo no soy especialmente sensitivo, pero en el monte se me agudiza la vista y el olfato. Los despierta la pura necesidad. A medida que sale algún problemín, recuperas la parte salvaje que tenemos todos y que tardará generaciones en desaparecer.

La soledad no es llevadera. La soledad da miedo porque se asocia a momentos en los que la vida te trata mal. Pero en una zona natural es placentera.

Recordó a su hermano. Sí. Siendo una persona aprensiva y miedosa, cuando le dijeron que iba a morir lo asumió con una valentía que me hizo creer en algo más, ser distinto. Fue una lección que me cambió la vida. Y en el monte, no sé si por estar más arriba, me acerca más a él. Hablo con él. Noto más su compañía. Habíamos pasado buenos momentos juntos en el bosque. Falleció cuanto tenía 32 años y yo, 30. Me interesé por los temas de salud y de alimentación. No me obsesiona. Solo aplico el sentido común. Antes de esa experiencia iba camino de ser distinto. 

Antes de eso era usted otro distinto al de ahora. Iba en camino de ello. Me iba muy bien en los negocios. Tenía perspecivas de ser un buen empresario. Desde su muerte tuve claro que trabajaría para cubrir las necesidades básicas, intentando que fuesen las mínimas.

Lo chocante es que esté al frente de una empresa relacionada con la construcción. Un poco sí. Cuando yo era chavalín, a la vez que estudiaba diseño industrial, trabajaba en la tienda de decoración e interiorismo de mi padre. La heredé. Intento convencer a los clientes para hacer las cosas con lógica y ser prudente en las obras, gastar la mínima energía y utilizar materliales lo más ecológicos posibles. Pero bueno, ganarse la vida es casi contradictorio con la vida en sí. Siempre que haya moneda por el medio...

¿Siente que capitanea su alma? Sí. Muchas de las decisiones que tomo en la vida, sean o no erróneas, las tomo yo. No quiero dejar que me maneje la publicidad. No tengo móvil. No trabajo los viernes. No estar pendiente de los mensajes o que se gaste la batería. Quiero manejar mi tiempo. Como decía Pepe Mujica, expresidente de Uruguay, la vida no se compra, se gasta.

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