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Diego Simeone durante una rueda de prensa.

El Atlético, el club de la lucha

Jordi Puntí

Simeone ha dotado a su equipo de su sello personal: defensas duras, medios creativos y delanteros letales

Para empezar, un poco de miedo en la más pura tradición barcelonista del ay, ay, ay. En sus últimos cinco partidos, el Atlético de Madrid ha marcado 16 goles y le han metido tres (el Barça ha hecho 10 y ha encajado también tres, pero con tres empates). De esos 16 goles, la mitad han ido a cargo de Griezmann -un jugador discutido por los aficionados colchoneros pero que parece haber encontrado su velocidad de crucero- y además con dos victorias de prestigio en los últimos partidos, sobre todo ese 2-5 en el campo del Sevilla del pasado domingo. Los de Simeone, pues, llegan fuertes al Camp Nou, y ahora los aficionados azulgrana tenemos que decidir si hay que asustarse o no...

En los últimos años hemos enterrado este tipo de miedos bajo capas y más capas de confianza en el juego y en el equipo, pero parece que nos basta un empate en Las Palmas y una ventaja de solo cinco puntos para empezar a temer lo peor. Somos incorregibles. Es cierto que las decisiones técnicas de Valverde en el último partido fueron discutibles: ¿por qué no dar el premio de la titularidad a Coutinho y Dembélé, si en el partido anterior dejaron buenas sensaciones? ¿Por qué llevarse a un Suárez al borde de la suspensión, asustadizo, si era un día ideal para que volviera Alcácer? Uno acaba pensando que el punto débil de Valverde es más psicológico que técnico, y quizá lo que haya que pedirle sea una inteligencia emocional más afilada.

El estilo del Cholo

Ante el Atlético, además, este será uno de los caballos de batalla. Desde su llegada como entrenador de los rojiblancos, en diciembre del 2011, el Cholo Simeone ha impuesto en su equipo una variación del estilo argentino adaptada a la Liga española: defensas duros, medios creativos, delanteros letales. El club de la lucha, vamos. Cada jugada es una oportunidad para mellar al contrario, al límite del reglamento.

El éxito continuado le avala, y la prueba es que ha mantenido un bloque de jugadores que llevan años juntos. Quizá en las últimas dos temporadas ha bajado ese punch que les caracterizaba -la edad no perdona- y han ganado en técnica. De ahí que la vuelta de Diego Costa, junto a la salida hacia China de un jugador como Yannick Carrasco, deba verse como un cambio de intenciones, y parece que de momento les va bien. Diego Costa juega con intensidad, sin traumas que le frenen, y a su vez Griezmann ahora puede sentirse más libre.

Regreso al pasado

Barça y Atlético, pues, llegan al partido en una encrucijada de sensaciones. No me sorprendería que rindieran un homenaje a esa época de partidos eléctricos, cuando en el Atlético estaba en manos de Antic & Pantic (el dúo serbio) y los partidos terminaban con resultados de waterpolo. Cuando Guardiola y Simeone eran jugadores, Rivaldo marcaba desde el centro del campo o Stoichkov y López bordaban un duelo de lucha libre dentro de un partido de fútbol. De entrada, no creo que al Barça de hoy le interese un partido de cuerpo a cuerpo como los de antes, como si se jugara en un subterráneo oscuro, pero a lo mejor le iría bien una sacudida a favor, un toma y daca que le despierte.

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