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PEQUEÑO OBSERVATORIO

Preparado para el último chute

Josep Maria Espinàs

El árbitro de la vida quiere que yo continúe jugando un poco más, hasta que haga sonar el silbato

La editora de mis libros, Isabel Martí, de La Campana, me ha traído una nueva edición de mi libro ‘Tiempo añadido’. En la primera página leo esto: "El día 7 de marzo del año 2000 cumplí 73 años".

Yo debía de ser bastante joven cuando leí que, en Catalunya, la esperanza media de vida para un hombre era de 73 años. Alguna vez lo he recordado: "Como que has nacido en 1927, si llegas al año 2000, habrás cumplido implacablemente tu deber estadístico".

El 2000 me parecía lejano, pero la lejanía siempre es muy subjetiva. Una vez mi padre me dijo: "No es que el tiempo pase deprisa, es que un año es muy corto". 

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Sí, un año es objetivamente poca cosa, y cuando se tienen 90 años, todavía menos. En este caso, que es el mío, es prudente aprender a contar por meses, y aún mejor, por semanas. Los niños pequeños acostumbran a precisar todavía más: "tengo cinco años y medio". Es una lección que les dan para aprender a valorar el paso del tiempo.

Leo lo que escribí hace años y me parece válido. El azar me ha evitado una desaparición prematura. Como la de algunas que personas a las que quiero. 'A joc de daus us acompararé’, por decirlo con los versos de Ausiàs March que cantaba Raimon. Miles de dados que alguien ha tirado mezclados en nuestro código genético y que circulan constantemente por nuestras venas.

Una prórroga

Como en un partido de fútbol, el árbitro de la vida nos puede conceder una prórroga, un tiempo añadido. El hecho es que mi árbitro quiere que yo continúe jugando un poco más. Hasta que haga sonar el silbato: se ha acabado el partido. 

¿El resultado que querría? Haber conseguido empatar conmigo mismo. Pero en el terreno de juego hay tantas pelotas tentadoras... Me gustaría poder chutar unas cuantas veces, sin aspirar a marcar ningún gol.

Temas: Tercera edad

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