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España, ¿con el paso cambiado?

Albert Sáez

En la medida en que el efecto Torrent se extiende entre el independentismo, la estrategia del Estado, encabezada por el Rey y ejecutada por la brigada Aranzadi, corre peligro de quedar desfasada y empezar a rozar el ridículo. Puigdemont no ha dado ni un paso atrás (la mal llamada rendición) ni un paso al lado (la mal llamada renuncia). El president destituido de la Generalitat ha cambiado de carril y, con ello, el independentismo ha cambiado de táctica sin alterar la estrategia. Ahora sí, se acabó el procés. Se acabaron los numeritos en el Parlament y las conspiraciones de Moleskine. La denuncia anunciada por Puigdemont ante las Naciones Unidas es el primer paso de un tiempo nuevo. La investidura previsiblemente fallida de Jordi Sánchez será el segundo. Empieza una dura y larga batalla judicial contra el Estado español -no contra los españoles ni contra los catalanes que no quieren la independencia- en los escenarios que sus impulsores consideran favorables en cuanto están alejados de las maniobras diplomáticas o son claramente hostiles a la causa española: las Naciones Unidas o el tribunal de Estrasburgo. Sobre los efectos y las potencialidades de esta táctica basta leer estos días el alud de editoriales en la prensa internacional defendiendo una cosa tan banal como el lazo amarillo de Guardiola. Y mientras todo eso suceda -y que no se preocupe la vicepresidenta que no se pagará desde las arcas públicas como ya pasó con el referéndum del 1-O-, la mayoría independentista del Parlament formará gobierno y tomará cuantas resoluciones resulten penalmente impolutas como la del pasado jueves reivindicando la legitimidad de Puigdemont. Es decir, acumulará pruebas.

Una parte de la opinión pública en España no está entendiendo el fondo de esta jugada y corre el peligro de quedar atrapada en el pasado construyendo una causa judicial de la que ya se está tramitando el recurso en las instancias exteriores. El único que parece entenderlo por ahora es el juez Llarena que ha declarado la complejidad de la causa y ha prolongado su fase de instrucción. Y la que no lo entiende es la jueza Lamela que se dedica a pedir informes a la Guardia Civil como el que acusa a los Mossos de crear su policía patriótica. Cada día que pasa va con el paso más cambiado, como algunos de los que le ríen las gracias.

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