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El debate de la lengua en Catalunya

El pacto lingüístico pende de un hilo

Carles Martí

Es preciso rehacer el consenso sobre los idiomas roto por los nacionalismos catalán y español

La izquierda (PSC y PSUC) hizo de engranaje para sacar adelante el pacto lingüístico de Catalunya tras la larga noche del franquismo. El pacto se construyó en torno a un presupuesto implícito expresado en dos objetivos muy claros y tres instrumentos de aplicación consensuados. El presupuesto, evitar la formación de dos comunidades lingüísticas que simplemente coexistan subdividiendo Catalunya en castellanohablantes y catalanohablantes y apostar por forjar una única comunidad bilingüe donde todo el mundo entiende y habla perfectamente tanto el catalán como el castellano y donde la catalanidad no depende de la lengua (porque es catalán quien vive y trabaja en Catalunya).

Los objetivos, normalizar en términos de reconocimiento y uso la lengua catalana y proveer conocimientos lingüísticos suficientes de ambas lenguas a toda la población para garantizar la igualdad de derechos y oportunidades a todos. Y los instrumentos, el Consorci per la Normalització Lingüística, liderado por los ayuntamientos sobre la base de la gratuidad, el estímulo y la voluntariedad; el establecimiento del catalán como lengua vehicular en la enseñanza no universitaria para constituir una única red educativa formadora de nuevas generaciones universalmente bilingües a partir de criterios de flexibilidad y adaptación al entorno sociolingüístico; y el uso habitual en las administraciones públicas (TV-3 incluida) del catalán como lengua de comunicación.

Derecho y deber

Veinte años después, una vez el éxito del pacto ha quedado acreditado en términos de extensión cuantitativa y cualitativa del uso del catalán (con la única excepción significativa del ámbito de la justicia) sin retroceso en el uso y el reconocimiento público del castellano, el Estatut del 2006 lo refrenda: para que todo el mundo y en toda circunstancia pueda ejercer su derecho a utilizar una de las dos lenguas, recíprocamente todo el mundo debe tener el deber de conocerlas ambas. Solo así se puede hacer efectivo el derecho lingüístico individual manteniendo la igualdad entre lenguas.

La convivencia de las dos lengüas es uno de los pilares de la integración y la cohesión en nuestro país

Sin embargo, ya desde el principio, el nacionalismo tanto catalán como español se mostró reticente al pacto. El modelo de sociedad nacionalista es un modelo monolingüe (yo quiero vivir en catalán o en castellano sin interferencias). Y por eso el nacionalismo catalán iba tensando la cuerda proponiendo multas lingüísticas o insistiendo en el supuesto insuficiente uso social del catalán, en particular en los patios de las escuelas, o el nacionalismo español desataba cíclicamente campañas mediáticas sobre la supuesta discriminación lingüística del castellano en Catalunya. Todo ello con poca trascendencia hasta que en el 2010 se rompe el consenso estatutario y comienza el proceso independentista.

Ataque y contrataque

Entonces, los nacionalismos catalán y español, en un contexto de competencia interna por la consolidación de nuevos partidos en cada uno de sus entornos (ERC y Cs), comienzan a comprometer abiertamente el pacto lingüístico. A partir del 2010 el nacionalismo independentista catalán ataca el pacto con tres actuaciones: TV-3 deja de ser la televisión pública en catalán para pasar a ser la televisión nacionalista catalana (de la lengua a los contenidos nacionalistas); la escuela pública que utiliza el catalán como lengua vehicular de la enseñanza tiene que pasar a ser la escuela catalana (de la lengua vehicular al monolingüismo); y al castellano pasa a llamarlo español, es decir, la lengua de donde hay que marchar, con lo que se indica que la única lengua de Catalunya es el catalán, que la cultura catalana de expresión castellana no nos representa y que la catalanidad solo la da el catalán (del castellano al español). A su vez, el nacionalismo español contraataca proponiendo españolizar a los alumnos catalanes y responsabilizando, no por su uso nacionalista, sino por su configuración lingüística, a TV-3 y la escuela de la expansión independentista.

En definitiva, hoy el pacto lingüístico de Catalunya, uno de los pilares de la integración y la cohesión en nuestro país, pende de un hilo. Y si no se ha roto del todo es porque ninguna de las dos alternativas tiene suficiente fuerza para imponerse  sobre la otra y el pacto antiguo es el mal menor.

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Debemos pues coger la situación por los cuernos y ponernos a rehacer nuestro pacto lingüístico. Se trata de dar los siguientes pasos: primero, que todos los grupos políticos en el Parlament vuelvan a sentarse y escuchen a todos (agentes educativos, sociales, culturales, ...) de nuevo para captar la nueva realidad sociolingüística del país. Segundo, rectificar lo que corresponda o volver a los orígenes siempre por amplísima mayoría si no es posible el consenso total. Tercero, hacer explícitas las bases del pacto y comprometerse a respetarlo durante un periodo concreto, largo a ser posible, para volverlo a revisar el final.

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