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ANÁLISIS

¿Por qué no Junqueras?

Roger Palà

Si el independentismo quiere investir un preso político, tendría más lógica, en la línea de restituir el gobierno, que el candidato fuera el líder de ERC

La aplicación del artículo 155 y la represión contra el independentismo siguen haciendo estragos. Es lógico que desde el soberanismo se ponga sobre la mesa a diario la existencia de presos políticos y la deriva autoritaria del Estado. Pero esto no debería impedir un mínimo ejercicio realista. A la hora de tomar decisiones, los partidos 'indepes' deberían ser conscientes de que la República catalana proclamada el 27-O no existe más allá de los lícitos anhelos de muchos ciudadanos. Y que lo que en realidad tenemos es una autonomía intervenida, gestionada por un partido de derecha españolista que, a pesar de su posición minoritaria en Catalunya, no duda en dinamitar consensos de país como la inmersión lingüística.

A pesar de esta constatación, tras las elecciones del 21-D la estrategia del independentismo –o, al menos, la de Junts per Catalunya (JxCat)– ha ido encaminada, más que intentar recuperar el autogobierno, a tratar de forzar la investidura de Carles Puigdemont. El propósito parecería ser mantener viva la llama del conflicto con el Estado. Pero ¿realmente es este el objetivo final? 

Antonio Franco

Periodista

Diversas fórmulas

Puigdemont dijo que volvería a Catalunya si ganaba las elecciones, pero ante la amenaza de ser detenido y encarcelado, no lo ha hecho. Una decisión, por cierto, que no ha sido muy cuestionada desde los sectores más inflamados del independentismo. Por ello, JxCat ha propuesto otras fórmulas: primero, investidura a distancia. Después, una vez constatado que ERC no está dispuesta a asumir más riesgos judiciales, restituir de forma simbólica Puigdemont desde Bruselas e investir al preso político Jordi Sànchez.

La estrategia tiene su lógica. Si se trata de seguir forzando el conflicto con el Estado, la candidatura de Sànchez supondrá un quebradero de cabeza para el juez Llarena. Mantenerlo en prisión preventiva y no dejarlo asistir a la sesión de investidura podría entrar en contradicción con la jurisprudencia existente. Es, por tanto, una forma de hurgar en las contradicciones del poder judicial.

Opción no planteada

Pero la realidad es que la Generalitat difícilmente podrá gobernarse a distancia. Ni desde Bruselas ni desde la celda de una prisión. Aun así, puestos a seguir el hilo del discurso de la legitimidad truncada por el 155 y la restitución del Gobierno, un hecho llama poderosamente la atención: que, una vez descartado Puigdemont, y puestos a investir un preso político, el candidato sea Sànchez y no Oriol Junqueras. La investidura del líder de ERC debería suponer, desde la óptica 'juntista', la restitución parcial del gobierno que impulsó el referéndum. Esta idea, sin embargo, ni siquiera se plantea. De hecho, ni siquiera los republicanos la ponen sobre la mesa.

Todo ello demuestra dos cosas: la primera, que probablemente lo que está en juego, más que la República o la restitución del Gobierno, es alcanzar las máximas cuotas de poder en la Generalitat. La segunda, la inagotable capacidad del mundo convergente de marcar la agenda, imponer prioridades y determinar el relato del soberanismo.

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