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ANÁLISIS

Putin, en su discurso.

La segunda guerra fría ya está aquí

Cristina Manzano

Hace apenas unos días uno de los más prestigiosos expertos norteamericanos en política exterior, Richard Haas, presidente del prestigioso Council on Foreign Relations y antiguo alto cargo del Departamento de Estado, publicaba un artículo que titulaba precisamente así, "La segunda guerra fría".

En él describía un escenario de renovada tensión entre las antiguas potencias rivales, Rusia (antes Unión Soviética) y Estados Unidos. En medio, siempre latente, la tremenda pregunta: ¿nos estamos acercando inevitablemente a una confrontación nuclear?

Y eso que Haas escribió su artículo antes de oír el discurso de Vladimir Putin sobre el estado de la nación ante el Parlamento y ante todo un país que asistía a su despliegue multimedia pegado a la televisión. No teníamos bastante con el “a ver quién tiene el botón más grande” del presidente Trump y de su colega norcoreano, para que ahora el líder ruso anuncie a bombo y platillo su nuevo juguete, ese misil maravilloso capaz de alcanzar cualquier lugar del mundo y traspasar cualquier escudo, amén de otros avances en armas nucleares. Toda una demostración de fuerza y poderío justo dos semanas antes de unas elecciones que, más que previsiblemente, se dispone a ganar por goleada.

La disuasión

Según declaraba en Twitter otro gran experto en la materia, el ruso Dimitri Trenin, “dedicar la mitad del tiempo de su discurso anual a una gráfica descripción de las capacidades de las nuevas armas indica lo cerca que Rusia y Estados Unidos están de un enfrentamiento militar”.  Sí, al menos el lenguaje parecer recuperar el tono y el estado de ánimo de la antigua guerra fría.

Lo bueno que tuvo esta fue que acabó triunfando su principio de la “disuasión”. La convicción de que la destrucción sería tan absoluta en caso de llegar a un conflicto nuclear logró mantener la retórica en armas, pero la guerra caliente alejada.

El árbitro chino

Pese a todo, la situación ahora no llega a los umbrales de dramatismo de aquella época. Es cierto que la personalidad de ciertos personajes da miedo, y que un 'accidente' puede llevar a consecuencias desastrosas; pero también lo es que nadie está realmente interesado en iniciar un conflicto armado. Volviendo a Haas, él mismo propone una serie de campos en los que ambas potencias podrían cooperar. No está mal viniendo de un país que está investigando la injerencia rusa en sus últimas elecciones presidenciales.

Hay además en esta ecuación un factor que antes no contaba: China. De un modo mucho más discreto que sus colegas globales, pero más firme si cabe, el Gobierno chino lleva años invirtiendo ingentes cantidades de dinero y de esfuerzo para modernizar su ejército. Tiene claro que el estatus de potencia mundial va de la mano de la capacidad militar. Sin embargo, a Pekín lo que le interesa es asegurar, primero, su poder en su entorno inmediato –empezando por el Mar del Sur de China- y segundo,  la estabilidad para seguir avanzando en su conquista de los mercados del mundo. Así que si está por empezar una segunda guerra fría, al menos llega con árbitro. Por la cuenta que nos trae, ojalá esta vez también funcione.

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