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ANÁLISIS

¿Qué fue de la costra de TV-3?

¿Qué fue de la costra de TV-3?

Luis Mauri

La manipulación política de las emisoras de la Generalitat no explica por sí sola el 'procés', pero el 'procés' tampoco se explica sin ella

"Hay que arrancar la costra nacionalista de TV-3 y Catalunya Ràdio". No sé si Joan Ferran, sentado frente a mí en su despacho, advirtió el respingo de los músculos de mi cuello al tensarse. Miré de soslayo la grabadora. Todo en orden: funcionaba. Y visualicé de inmediato el magnífico titular de la entrevista mientras Ferran seguía desgranando su respuesta: "Hay algunos gurús mediáticos al frente de programas de máxima audiencia que no informan; editorializan. Confunden sistemáticamente información y opinión; su opinión. Usan las emisoras de la Generalitat a su antojo, como si fueran su púlpito particular, lanzan soflamas, llaman a la gente a manifestarse contra esto o lo otro".

La entrevista con el entonces diputado socialista se publicó en este diario el 4 de diciembre del 2007. Sobre Ferran cayeron chuzos de punta. Había tenido la osadía de profanar un tótem sagrado del nacionalismo catalán, su núcleo de irradiación ideológica: el conglomerado de radio y televisión de la Generalitat.

El nombre y la cosa

Seguramente, Ferran pudo haber escogido una metáfora más neutra o menos enervante que la de la costra. Pero eso solo era el nombre, no la cosa. La cosa es el secuestro político de los medios de comunicación públicos. Esta es la cosa, con un nombre u otro: la conversión de las emisoras públicas en órganos de agitación y propaganda al servicio de una fracción política del país.

Diez años después de la entrevista de la costra, las dos grandes fuerzas del nacionalismo catalán, JxCat-PDECat y ERC, han estado peleando a brazo partido por el control político de TV-3, Catalunya Ràdio y el ente público del que ambas dependen, la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals. Al término de la contienda intestina, los posconvergentes se han quedado con las emisoras y los republicanos, con la CCMA.

La manipulación política de los medios públicos está tan asentada, tiene tanto arraigo que incluso parece una conducta normalizada. No hay en este país grandes escándalos porque los partidos en el poder secuestren medios financiados con el presupuesto público, les impidan informar a la ciudadanía de manera independiente, honesta y plural, y los utilicen como agentes de agit-prop. Esto es desviar recursos públicos a tareas de propaganda partidista, lo cual se acerca mucho al concepto de corrupción.

Pilar independentista

Diez años después de aquella entrevista, las emisoras de la Generalitat son un pilar fundamental de la estrategia independentista. Su utilización política no explica por sí sola el procés, pero el procés tampoco se explica sin ella. Nacieron con el propósito teórico de ser medios nacionales de Catalunya y han acabado en medios nacionalistas, dirigidos exclusivamente a la mitad de la población que comulga con el independentismo pero sufragados con los impuestos de la población entera.

Es evidente que no solo el Gobierno nacionalista catalán manipula sus emisoras. El Ejecutivo de Mariano Rajoy hace lo propio con RTVE, donde al menos los colectivos de profesionales se esfuerzan por hacer oír su rechazo. En todo caso, las fechorías ajenas no absuelven ni justifican las propias.

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