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ANÁLISIS

El president del Parlament, Roger Torrent, y el candidato a se investido presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en Bruselas

EFE

Protestar o gobernar, esa es la cuestión

Joan Tapia

El secesionismo no puede volver a tropezar con la misma piedra de la vía unilateral del 27-O

Reducir la crispación en Catalunya tras el binomio DUI fracasada y 155 con mayoría independentista, no será fácil. Sin embargo, el discurso de Roger Torrent como nuevo presidente del Parlament, el reconocimiento de que había que "recoser" Catalunya, un país plural, levantó alguna esperanza. Y más tras las afirmaciones de líderes de ERC, incluido Oriol Junqueras desde la cárcel, que insistían en la prioridad de una presidencia efectiva de la Generalitat desde el primer día.

Han pasado ya demasiados días y el secesionismo se ha empantanado en un combate entre legitimistas -los que no quieren aceptar que la República ni está ni se la espera- y los pragmáticos, los que saben que un país necesita un gobierno y que prolongar el 155 puede ser suicida. Y el gran escollo es que los pragmáticos no se atreven a desafiar el dogma y afirmar sin complejos que un país no puede funcionar en estado de crispación y partido en dos mitades. Naturalmente que haya cuatro políticos presos, o cuatro presos políticos (cuestión teológica digna de la Inquisición), tras haber contribuido a la mayoría independentista, no ayuda ahora a serenar los ánimos.

Así los "pragmáticos" se aprestan este jueves a votar una resolución maximalista que no solo condena el 155 -que los partidos aceptaron al concurrir el 21-D- sino que pretende blindar la legitimidad de Puigdemont. Es un error. Es insistir en el conflicto -interno y externo- y dudo que conduzca a un gobierno efectivo que aborde los problemas reales, empezando por la ausencia de un presupuesto de la Generalitat.

Temo que el secesionismo esté prisionero de quienes quieren recuperar la Generalitat no para gobernar sino para protestar. Pero el error ya sería monumental, cósmico e irreparable, si encima cedieran a la enmienda de las CUP, que pretende nada menos que reafirmar y consagrar la DUI del 27-O. Entonces estaríamos volviendo a la maldición del binomio DUI-155 que nos arrastraría al desastre.

¿Puede el secesionismo estrellarse dos veces con la misma estupidez: creer que complacer a los cuatro diputados de credo independentista extremo es mejor para el futuro de Catalunya que buscar terrenos de acuerdo con los 65 que no son independentistas?

Y lo más grave es que el pueblo -la gente de abajo que citaba Artur Mas- desea algún tipo de consenso que permita negociar. Lo confirma la encuesta del CEO del pasado viernes. Solo un 19% apuesta por la vía unilateral (como la CUP y los radicales de JxCat) frente al 36% que querrían explorar un acuerdo bilateral con Madrid y el 20,8% que son partidarios de abandonar el 'procés' y reformar la Constitución.

Además, el 53% de los catalanes (frente al 40%) no están hoy por la independencia. ¿Lo patriótico es ignorar la voluntad de los catalanes? ¿Lo inteligente es que 20 diputados radicalizados (24 con las CUP) impongan su agenda de conflicto a los otros 56 secesionistas y a los 65 no independentistas? ¿Qué harían dos presidentes tan distintos y que vivieron momentos tan dramáticos como Lluís Companys y Josep Tarradellas?

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