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Análisis

Carteles electorales en Pomigliano dArco, cerca de Nápoles.

Europa y las vísperas italianas

Josep Borrell

El resultado de las elecciones del domingo preocupa más en Bruselas que el del referéndum del SPD alemán

El lunes Roma amaneció cubierta por la nieve. Y un temporal recorre el país, preludiando el temporal político que puede desatarse en Italia después de las elecciones del próximo domingo. En Bruselas el resultado preocupa más que el del referéndum del SPD. Juncker dice que la UE debe prepararse para el peor escenario, el de un Gobierno que no fuese “operativo”, en referencia a la posibilidad de que la Liga supere a Forza Italia dentro de la coalición de la derecha, cada vez más a la derecha, que lidera el resucitado Berlusconi y que su líder, Matteo Salvini, antieuropeista declarado,  aspire a ser primer ministro.

Antes de por la nieve, Roma estuvo paralizada por cinco manifestaciones, vigiladas por miles de policías ante el temor que se repitiese el tiroteo de Macerata, donde un miembro de la Liga hirió a seis inmigrantes.

El mal menor

El centroizquierda, que acude dividido a las elecciones, escenificó un acto unitario en el que Matteo Renzi (el otro Matteo) abrazó a su sucesor, el primer ministro Gentiloni, hoy el político más popular de Italia. Pero, aunque el resultado es muy incierto y, con las encuestas prohibidas dos semanas antes de las elecciones, nadie sabe qué puede ocurrir, tampoco nadie cree que pueda repetirse un Gobierno del Partido Democrático (PD).

La situación es tan mala que Berlusconi aparece como el deseado mal menor. Ironías de la historia. Recuerdo como en el 2011, el presidente Napolitano tuvo que 'propiciar' la salida de Berlusconi y sustituirlo por el tecnócrata Monti, porque Italia estaba a punto de salir del euro. Ahora, condenado por fraude fiscal e inelegible, no podrá ser diputado ni primer ministro, pero su papel será inevitable, porque en sus manos estará decidir qué clase de coalición, si es que hay alguna, puede formar gobierno.

Cambio de enemigo

También es irónico que Salvini, nuevo líder de la Liga, que lanzó el eslogan 'Roma ladrona', el equivalente del 'España nos roba', y se basó en el rechazo de la solidaridad de las regiones industriales del norte con el sur atrasado, irrecuperable, corrupto y mafioso, haga campaña en el sur profundo de Calabria. Después de haber negado la existencia de la nación italiana, haciendo de 'Italia' una palabra tan impronunciable como 'España' en TV-3, y de haber gritado durante años que el dinero de los venecianos debe quedarse en Venecia y no alimentar a los perezosos del sur, ahora ha abandonado este discurso regionalista y se ha lanzado a conquistar el detestado Mezzogiorno, hasta el punto de presentarse como senador por Reggio Calabria, que es como si Puigdemont se presentara por Cádiz. Ha cambiado de enemigo, que ya no es el sur, sino los inmigrantes. Y en ello le apoyan los movimientos neofascistas, cada vez más fuertes en Italia

Y este discurso vende en una Italia que se ha enfrentado a la crisis de los refugiados con la falta total de solidaridad de los demás países europeos. Amnistía Internacional advierte de que el país esta impregnado de racismo y xenofobia. Y Berlusconi Salvini compiten en cuántos inmigrantes van a expulsar, y ya van por 600.000.

Hostilidad al euro

Todas las encuestas predicen que el más votado será el Movimiento 5 Estrellas, el partido antisistema de Beppe Grillo, que podría superar el 25% de hace cinco años. Pero, como Ciudadanos en Catalunya, ser el más votado no quiere decir que pueda gobernar. De hecho la nueva ley electoral italiana, mezcla de proporcionalidad y de circunscripciones unipersonales a la alemana, está pensada para que el 5 Estrellas no pueda gobernar, porque para eso hace falta el 40% de los votos, que solo pueden obtener coaliciones, y los del 5 Estrellas no se coaligan con nadie del viejo sistema político.

De la sutileza florentina de la ley electoral italiana depende la supervivencia política del PD de Renzi. Este acude en coalición con el partido +Europa, de la excomisaria Emma Bonino, tan popular como poco votada. Si su lista saca entre el 1 y el 3%, sus votos van al otro miembro de la coalición, es decir al PD. Si saca más, le corresponden escaños de forma proporcional, que podrían ser hasta 10, que quitaría al PD. Un desastre para Renzi, que no tiene ningún interés en que a su socia le vaya demasiado bien, pero tampoco demasiado mal. Pero sería una buena noticia para el débil europeísmo de Italia, que es hoy uno de los países con la opinión pública más hostil al euro. Puede que no sea culpa suya, pero antes del euro el PIB italiano era 3 puntos superior a la media de la eurozona y ahora está 13 puntos por debajo. Entre esto y la inmigración, nieva sobre Roma.

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