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Políticos mentirosos

Cristina Pardo

En un país normal, a los políticos que actúan "por quedar bien posicionados ante la opinión pública", se les caería la cara de vergüenza

Que algunos políticos mienten ya lo sabíamos. Que luego no siempre se les castiga en las urnas lo hemos visto también. Y eso a pesar de que sus engaños tienen, en la mayoría de los casos, unas consecuencias gravísimas en la vida de los ciudadanos. Artur Mas dijo hace unos días, sobre la declaración unilateral de independencia aprobada en el Parlament el 27 de octubre: "En el mundo de la política, hay un componente simbólico y estético. Muchas veces un argumento se exagera o se infla para quedar bien posicionado ante la opinión pública". Esto es de una irresponsabilidad bestial. Es de ser un caradura de libro. Primero, porque en ningún momento se les dijo a los votantes que aquello que se aprobaba no iba en serio. Segundo, porque aquel acto que se infló, según ha admitido ahora Mas en un ejercicio lamentable de demagogia, generó una ilusión legítima en mucha gente que confió en que sus políticos iban a cumplir sus promesas. Y tercero, porque algo que al parecer no valía nada, ha llevado a la cárcel a los que creían en la Catalunya independiente, provocó la huida en masa de importantes empresas y la pérdida de autonomía en el territorio y ha dado lugar a un periodo de inestabilidad política plagado de incertidumbres.

Mas concluía su vergonzosa confesión así: "¿Esto es un engaño o una exageración? Puede llegar a serlo". Lo es, hombre. Y en mi opinión, más grave que saltarse la ley es decir después que era todo puro postureo para evitar que la calle en ese momento les llamara "traidores", aunque visto lo visto eso es lo que son. Ya asistimos en campaña a otras mentiras de los independentistas, cuando decían que los bancos se pelearían por quedarse en Catalunya. Asistimos a las mentiras y el cinismo de Puigdemont, que públicamente llamaba a los parlamentarios a investirle incumpliendo la ley, mientras en privado daba por hecho que había llegado a un callejón sin salida.

No son los primeros ni los últimos que mienten. Y hay que denunciarlo cada vez. En lugar de eso, ahora estamos con que si representantes institucionales; es decir, representantes de todos, le dan plantón al Rey en un evento con repercusión mundial y evidente interés económico para Catalunya. Y venga golpes de efecto. Qué valientes. Oh, dar plantón al Rey, pudiendo ponerte delante y decirle a la cara lo que piensas de su real postura. En un territorio sin gobierno, con un Parlamento completamente disecado, con el líder del engaño exiliado en una mansión que paga no se sabe quién, con unos representantes que se saltaron abiertamente la ley aunque ahora digan que era un engaño, sobran el postureo y la política cortoplacista, la búsqueda del titular que no lleva a ningún sitio. Ya lo deberían saber, después de escuchar a Artur Mas. En un país normal, a los políticos mentirosos, a los que actúan "por quedar bien posicionados ante la opinión pública", a los que admiten que son un fraude, se les caería la cara de vergüenza.Y no se les cae. Algo estaremos haciendo mal.

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